La plataforma Scary Mommy preguntó a maestras de kínder qué habilidad desearían que todos los niños llevaran desde el primer día, las respuestas fueron bastante claras: antes que leer o sumar, quieren niños que puedan hacer pequeñas cosas por sí mismos.
Sí, algo tan sencillo como ponerse la chamarra puede importar más de lo que imaginas.
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La independencia también prepara a tu hijo para el kínder
Amarrarse los zapatos, abrir su lunch, lavarse las manos, ir al baño o guardar sus cosas parecen detalles. En un salón lleno de niños, no lo son.
De hecho, entre las maestras consultadas, amarrarse los zapatos fue una de las habilidades más mencionadas. También destacaron vestirse, seguir instrucciones y cuidar sus pertenencias.
Y no se trata de que tu hijo llegue al kínder resolviendo la vida solo. Se trata de darle oportunidades para intentarlo antes de hacerlo tú por él.
La National Association for the Education of Young Children (NAEYC) también recomienda fomentar estas habilidades antes de entrar al kínder. Por ejemplo, vestirse, usar el baño, lavarse las manos y ponerse los zapatos.
Hay otra habilidad todavía más importante: autorregularse
Poder esperar un turno, escuchar una indicación, tolerar que algo no salga a la primera o pedir ayuda también cuenta como preparación escolar.
La NAEYC señala que la autorregulación es una de las habilidades más importantes en la transición al kínder, incluso por encima de conocer letras o números.
Además, el Center on the Developing Child de Harvard explica que la autorregulación y las funciones ejecutivas ayudan a concentrarse, recordar instrucciones y cambiar de una tarea a otra.
En otras palabras: aprender el abecedario importa, pero saber qué hacer cuando algo se pone difícil también.
¿Qué puedes practicar antes del primer día?
No necesitas convertir las vacaciones en un curso intensivo de kínder. Mejor aprovecha la rutina.
Deja que tu hijo se vista, abra recipientes, guarde su mochila, recoja sus juguetes o pida ayuda cuando la necesite. También puede practicar esperar turnos y seguir instrucciones sencillas.
Y aquí viene quizá la parte más difícil: dale tiempo para hacerlo aunque tarde más que tú. Porque llegar preparado al kínder no significa saber leer antes que todos. Significa empezar a sentir: “esto puedo intentarlo yo”.
