Querida yo, usemos nuestro tiempo con más conciencia
Hace unas semanas leí sobre este concepto y se me quedó grabado: las fugas de tiempo.
Y últimamente he pensado mucho en eso. En cómo creemos que lo que nos falta son horas, cuando en realidad lo que nos falta es espacio mental y enfoque -además de tener claras nuestras prioridades, pero ese tema lo dejaremos para otra ocasión.
También lee: La prisa que normalizamos como mamás
Porque el problema no siempre es la cantidad de tiempo que tenemos, sino todo lo que fragmenta nuestra atención. Vivimos brincando de una cosa a otra. Resolviendo un pendiente mientras pensamos en el siguiente. Tratando de avanzar, pero reaccionando todo el tiempo.
Y así se nos va el día.
Las pequeñas cosas que se roban el día
- Abrir el celular un “momento” y perder media hora.
- Estar disponible para contestar mensajes todo el tiempo.
- Cambiar de tarea cinco veces en una mañana.
- Empezar algo y no terminarlo porque alguien te interrumpió.
Y llegas a la noche con esa sensación rarísima de haber estado ocupada todo el día… pero sin sentir que realmente avanzaste en lo importante.
Les confieso que a mí me pasa muy seguido.
Y sí, creo que las redes sociales tienen mucho que ver. Porque una entra un ratito a distraerse y termina saliendo más saturada que cuando entró. Con ruido mental. Comparación. Ansiedad. Ideas. Culpa por no estar haciendo más.
Ojo: no creo que la solución sea volvernos máquinas perfectamente organizadas ni vivir optimizando cada minuto del día. Qué agotador.
Pero sí creo que vale la pena empezar a identificar nuestras fugas. Esas que, silenciosamente, nos quitan espacio para leer, descansar, hacer ejercicio, pensar, crear o simplemente estar presentes.
Un ejercicio simple para detectarlas
Algo que puede ayudar es observarnos durante un día, sin juzgarnos. No para regañarnos ni para sentirnos mal, sino para entendernos mejor.
Durante un día cualquiera, intenta anotar en qué momentos sientes que el tiempo “se te fue”. No hace falta registrar cada minuto ni hacerlo perfecto. Basta con poner atención a esas pequeñas pausas que se alargan, a los pendientes que interrumpen todo, a las veces que tomas el celular sin pensarlo o a los momentos en los que estás haciendo una cosa, pero mentalmente ya estás en otras cinco.
A veces, con solo verlo escrito, se vuelve evidente.
Quizá descubres que tus fugas están en las redes sociales. O en contestar mensajes apenas llegan. O en tratar de hacer demasiadas cosas al mismo tiempo. O en no poner un límite claro a ciertas interrupciones.
Y ese puede ser un buen primer paso: no cambiar toda tu rutina de golpe, sino identificar por dónde se está yendo tu energía y proponerte reducir esas fugas poco a poco.
Porque no, amiga, no podemos hacer todo al mismo tiempo. Pero quizá sí podemos empezar por notar qué cosas nos están robando más tiempo del que realmente queremos darles.
