Querida yo… Debí darte más besos y abrazos las veces que pude
Mi papá falleció hace unos días.
Y, la verdad, no tenía muchas ganas de escribir esta nota. No porque no tuviera tema, sino porque cuando el dolor está tan cerca, cuesta encontrar palabras que no suenen huecas o forzadas. Pero aquí estoy, escribiendo… porque la escritura, para mí, es una herramienta terapéutica que ayuda a procesar y a sanar.
Ahora que Bad Bunny acaba de ganar el Grammy a Mejor Álbum del Año, su canción Debí tirar más fotos me hizo más click que nunca. No creo que la canción sea una revelación, pero sí es un espejo incómodo.
También lee: De perder también de aprende
Pienso en mi papá y me hubiese gustado haberme detenido más. Haber preguntado lo que siempre pensé que podía preguntar después. Haber tenido conversaciones que no consideré urgentes en su momento. Haber escuchado historias que ahora daría lo que fuera por volver a oír.
Decir que la vida es hoy suena gastado. Lo hemos leído y escuchado tantas veces que casi pierde sentido. Pero hay frases que solo se activan cuando algo se rompe. Y esta es una de ellas.
Cuando alguien se va, vemos el tiempo de forma diferente. Nos hace enfrentarnos a algo que preferimos ignorar: vivimos como si el mañana estuviera garantizado. Nos damos cuenta de que muchas cosas que dábamos por sentadas: las visitas, los abrazos, las llamadas y conversaciones… no lo estaban. Dábamos por hecho que habría más oportunidades.
Y no. No siempre las hay.
Querida yo… La verdad sobre el tiempo también aplica con nosotras
Esta forma de ver y valorar el tiempo, también aplica a nosotras mismas.
A los sueños que llevamos años postergando.
A los planes que dejamos para “cuando sea el momento correcto”.
A las versiones de nosotras que seguimos aplazando porque primero hay que cumplir con todo lo demás.
A las decisiones que evitamos por miedo, comodidad o cansancio.
La vida cambia sin avisar. A veces de golpe, a veces en silencio. Y antes del sacudón no pregunta si ya estás lista o si todavía tienes cosas pendientes.
El tiempo visto desde los hijos
Inevitablemente, todo esto también me ha hecho pensar en mis hijos: en la huella que estamos dejando en ellos sin darnos cuenta, en cómo nos van a recordar cuando no estemos.
Tiene menos que ver con lo que les decimos que hagan y mucho más con cómo los hacemos sentir.
Con si estamos presentes o siempre apuradas.
Con si sienten que son importantes, incluso en medio del caos.
Pensar el tiempo desde este lugar es también un acto de conciencia: vivir hoy con intención y propósito. Dejar a un lado el piloto automático y las prisas. Priorizar, de verdad, lo que es importante para nosotras.
Tal vez no podamos volver atrás a “tirar” más fotos.
Pero sí podemos mirar -mirar con atención- a quienes siguen aquí. Podemos decir lo que sentimos sin guardarlo para una mejor ocasión. Sí podemos intentar, aunque sea con miedo y dudas, eso que llevamos años posponiendo. Sí podemos vivir con menos apuro y un poco más de presencia.
Porque la vida no avisa.
Y porque, amiga, nadie nos garantiza que mañana tengamos tiempo. Hoy es todo lo que hay.
