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Cansancio, trabajo y crianza: cómo se construye el apego incluso en días largos

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Aprende cómo se construye el apego entre padres e hijos mediante la conexión emocional y el tiempo compartido de calidad.

cómo se construye el apego
¿Llegas a casa cansada o cansado después del trabajo, con ganas de desconectarte, pero al mismo tiempo con el corazón puesto en tus hijos? ¿Te pasa que quieres estar con ellos, abrazarlos, escucharlos, pero el día se acaba rápido y te quedas con la sensación de que el tiempo que estuviste con ellos no fue suficiente y con la duda de si eso alcanza para construir un vínculo?

Desde la neurociencia del desarrollo infantil, la respuesta es clara y profundamente tranquilizadora: el cerebro de tu hijo no mide el amor en horas, lo mide en experiencias emocionales compartidas. No se trata de estar todo el día, sino de cómo se está cuando se puede.

El psiquiatra y psicoanalista John Bowlby, creador de la teoría del apego, explica que los niños no necesitan cuidadores perfectos ni disponibles permanentemente, sino adultos emocionalmente accesibles, predecibles y sensibles. El apego seguro se construye cuando tu hijo siente que puede recurrir a ti para regularse emocionalmente, incluso si ese encuentro ocurre en espacios breves del día.

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En términos simples, el apego es la base emocional que se construye a través del vínculo cotidiano: esas interacciones repetidas en las que tu hijo se siente visto, acompañado y emocionalmente seguro.

¿Qué pasa en el cerebro del niño cuando te ve?

Cuando un niño se encuentra con mamá y/o papá (sus su figuras de apego), su cerebro activa sistemas diseñados para la seguridad y la regulación emocional, tu mirada, el tono de voz calmado, el contacto físico y la atención genuina que le das estimulan la liberación de oxitocina, la hormona del vínculo, que genera sensación de calma, confianza y conexión.

Al mismo tiempo, estas interacciones ayudan a disminuir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, esto es especialmente importante después de un día largo, tanto para tu hijo o hija como para ti; el mensaje que recibe el cerebro infantil es claro: no estoy solo, hay alguien disponible para mí y ese mensaje, repetido día con día, incluso en encuentros breves, es la base del apego seguro.

¿Qué pasa en tu cerebro cuando ves a tu hijo?

El encuentro también te transforma, al conectar con tus hijos, tu cerebro libera oxitocina, lo que favorece la empatía, la calma y la disponibilidad emocional, incluso cuando llegas agotada o agotado; esto explica por qué, a pesar del cansancio, muchos padres sienten alivio o conexión al ver a sus hijos, aunque sea por unos minutos.

Criar no se construye en la cantidad de horas, sino en lo que ocurre emocionalmente en los encuentros, cuando conectas con tu hijo, aunque sea por pocos minutos, ambos cerebros se ajustan y se tranquilizan. Ese ajuste breve, pero repetido día con día, es el que va dejando huella y construyendo vínculo.

Por eso, más allá de la cantidad de tiempo, hoy queremos compartirte cinco formas sencillas y reales de aprovechar esos momentos cotidianos para fortalecer el vínculo con tus hijos, incluso en días largos y con cansancio.

  1. Conecta antes de corregir: Al llegar a casa, el cerebro de tu hijo necesita conexión antes que instrucciones, un saludo cálido, contacto visual o un abrazo ayudan a regular su sistema nervioso y lo preparan para cooperar, la conexión emocional es la puerta de entrada a cualquier límite.
  2. Está presente de forma auténtica aunque tu presencia sea breve: El cerebro infantil no necesita largas horas de convivencia, necesita momentos de atención plena, cinco o diez minutos sin celular, sin prisas y con interés genuino generan un impacto profundo en su percepción de seguridad y valía.
  3. Nombra las emociones ayudando a regularlas: Decir frases como “hoy llegué cansada o cansado, pero quiero escucharte” ayudará a tu hijo a entender que las emociones existen y se pueden expresar sin dañar el vínculo, esto favorece el desarrollo de la regulación emocional y la empatía.
  4. Genera rutinas, estas también construyen apego: Momentos cotidianos como la cena, el baño o prepararse para dormir son oportunidades de conexión, la repetición y la previsibilidad hacen que el cerebro infantil se sienta seguro.
  5. Cierra el día con vínculo: Un cuento corto, una canción, una oración o una pregunta sencilla antes de dormir se convierte en memoria emocional positiva, el cerebro consolida estas experiencias durante el sueño, fortaleciendo el vínculo afectivo.

Criar no es estar siempre ni hacerlo todo perfecto, criar es estar emocionalmente disponible cuando se puede, incluso con cansancio, incluso con poco tiempo, el apego no se rompe por llegar tarde; se fortalece cuando, aun en días largos, el adulto logra mirar, escuchar y acompañar.

Para el cerebro de un niño, esos pequeños momentos de presencia real dejan huella y esa huella es la que sostiene su desarrollo emocional a largo plazo.

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