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¿Tu hijo se porta mal? Lo que su conducta está intentando decirte
La mala conducta en niños la mayoría de las veces refleja que no cuenta con la madurez emocional suficiente para decir «tengo miedo», «estoy ansioso» o «necesito atención». Sus conductas son solo la punta del iceberg, ya que debajo puede existir:
- Cansancio
- Celos
- Frustración
- Inseguridad
- Problemas en la escuela
- Cambios dentro de la familia
Por eso, la pregunta no solo deber ser «qué hizo» sino qué estaba pasando cuando esto ocurrió.
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¿Qué hay detrás del «se porta mal»?
Cada cosa que hace tu hijo tiene un trasfondo emocional que necesita ser atendido por ti. Aquí te dejamos cómo se pueden ver algunas conductas y qué puede significar cada una:
- Agresividad: Golpear o romper cosas suele aparecer cuando la emoción es mucho más grande que su capacidad para controlarla. A veces se puede ver en situaciones de rechazo o durante problemas familiares.
- Berrinches: El fin no siempre es conseguir algo, en algunas ocasiones es un verdadero colapso emocional para ellos. Normalmente aquí los niños pierden la habilidad de escuchar o razonar.
- Mentiras: Suelen surgir cuando le tienen miedo al castigo, sienten vergüenza o sus ganas de agradar son muy grandes. Si decir la verdad puede implicar que le griten o lo humillen, el niño de manera inconsciente aprenderá a ocultar sus errores.
- Desobediencia: Cuestionar las instrucciones que le das puede ser un instinto de buscar su autonomía o una respuesta a límites inconsistentes por parte de los adultos que se encargan de cuidarlo.
- Aislamiento y regresiones: Dejar de convivir o volver a mojar la cama son señales de alerta cuando están viviendo cambios muy drásticos. Por ejemplo una mudanza, pérdidas o violencia en la escuela.
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¿Cómo actuar cuando pasa esto?
Entender las causas del por qué tu hijo se porta mal no significa dejar a un lado los límites, sino de establecerlos sin ignorar las necesidades emocionales de los críos. Puedes empezar haciendo lo siguiente:
- Antes de corregir, regúlate: Un adulto alterado no puede calmar a un niño desbordado. Respira y baja el tono de voz.
- Nombra y valida su emoción: Utilizar frases como «veo que estás frustrado» lo ayudará a identificar qué es lo que siente para más adelante aprender a manejarlo.
- Que viva las consecuencias: Si rompió algo mientras estaba enojado, tendrá que ayudar a repararlo. No dejes para después las consecuencias sin olvidar que deben ser proporcionales a lo que hizo.
- Evita las etiquetas: No le digas que es «malo» o «agresivo». Las etiquetas pueden llegar a convertir algo temporal en una identidad.
- No hables en plena crisis: Espera a que recupere la calma para hablar sobre lo que pasó y vean qué pueden hacer diferente la próxima vez.
Si te das cuenta de que la situación escala, es recomendable consultar a un especialista en salud mental infantil. Puede ser si la manera en la que se comporta ya es muy intensa, afecta su vida escolar o social. Recuerda que cuando tu hijo se porta mal no está buscando complicarte la vida, simplemente te está enseñando que algo dentro de él se volvió demasiado grande para manejarlo solo.
