Es común que en el momento te de pena, enojo y hasta confusión por no saber cómo actuar. Y no sabes si regañarlo, pedir perdón, levantarlo o irte con tu crío. Primero respira, porque ese momento, aunque sea muy incómodo, también es una oportunidad para enseñarle algo importante.
También te puede interesar: ¿Por qué mi hijo se porta peor conmigo? La realidad de ser mamá
Tu hijo no es “malo”
Que un niño pegue no significa que ya sea agresivo o que estés haciendo algo mal, significa que es pequeño y que su cerebro todavía está aprendiendo a gestionar emociones que llegan a ser intensas. Y aunque no lo creas, esto es de lo más común cuando tienen entre 2 y 5 años.
Recuerda que están aprendiendo a explicar en palabras lo que sienten, y a veces el cuerpo reacciona antes que el pensamiento.
También te interesa: Cómo enseñar respeto y empatía para prevenir el bullying
Cuando tu hijo hace la acción de pegarle a otro niño, es un momento de tensión y es fácil reaccionar desde el impulso. Gritarle delante de todos o avergonzarlo puede hacer que se cierre emocionalmente en lugar de aprender.
Pero también obligarlo a pedir perdón sin entender lo que pasó hace que pierda sentido, porque no hay un aprendizaje real detrás e ignorar lo que pasa tampoco ayuda, porque los deja sin guía en una situación en la que sí necesitan acompañamiento.
¿Cómo debo actuar?
- Atiende al niño que recibió el golpe. Lo mejor es validar lo que pasó y preguntar si está bien, esto le enseña a tu hijo que sus acciones tienen un impacto en los demás.
- Acompaña a tu hijo. Habla con tu hijo y valida su enojo del momento, pero haciéndole ver que no por eso tenía que pegarle. No justifiques su acción, solo ponle nombre a lo que pasó.
- Marca el límite con calma. Con voz firme pero tranquila, deja claro que pegar no está bien. No necesitas darle todo un sermón, solo dale claridad y coherencia.
Muchas veces queremos que pidan «perdón» de inmediato, pero no siempre es lo mejor. A su edad pedir disculpas, todavía no es algo que comprendan del todo y en lugar de forzarlo, puedes guiarlos a reparar sus acciones de otras formas, como preguntar si el otro niño está bien.
A medida que crecen, empiezan a entender el impacto de sus acciones y es momento de ayudarles a pensar en cómo reparar lo que hagan para que su manera de disculparse se sienta genuino.
