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¿Qué es el quiet parenting?
El quiet parenting significa educar con calma y firmeza al mismo tiempo. Se trata de que los papás dejen a un lado los gritos, las amenazas y los castigos que les salen por impulso, para detenerse un momento a respirar y a hablar con sus críos con la cabeza fría.
Ojo, esto no quiere decir que los niños puedan hacer lo que quieran. La idea es que los límites sigan ahí, pero comunicándolos de una manera diferente. Por ejemplo, si el crío tira un juguete, en lugar de gritarle, la idea es que se le diga algo como: «Los juguetes no se tiran. Si ya no quieres jugar, mejor hay que guardarlos».
Así el mensaje queda claro y no hubo necesidad de subir el tono. Con el tiempo, los niños irán entendiendo poco a poco mejor las reglas y aprenderán a manejar mejor su frustración.
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¿Por qué muchos papás lo están aplicando?
Muchos de los adultos que han decidido aplicar el quiet parenting, crecieron con gritos o castigos demasiado crueles. Por eso ahora buscan maneras más conscientes de educar. Además de que varios especialistas en desarrollo infantil han explicado que los niños aprenden mucho por imitación. Así que cuando ven a un adulto perder el control y gritar, ellos repiten casi inconscientemente esas reacciones.
El quiet parenting tiene la misión de que aun en momentos de descontrol, los papás puedan transmitirle calma a los críos. Para que así los niños aprendan que es normal tener emociones fuertes, pero llevarlo a una explosión emocional no trae ningún beneficio. Y no solo esto, también ayuda a crear un ambiente de tranquilidad en el que los críos se sienten con la confianza para hablar sobre sus sentimientos.
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Así puedes aplicar el quiet parenting en casa
No se trata de cambiar de la noche a la mañana, el chiste es cambiar con pequeños pasos:
- Pausa antes de reaccionar. Si algo te sacó de tus casillas, respira y cuenta hasta cinco. Aunque no lo creas ese tiempo te puede ahorrar un grito.
- Frases claras y fáciles de entender. Los niños entienden mejor las cosas cuando la instrucción es corta. Frases como «recoge tus juguetes» o «ya es hora de apagar la tele» son más que suficiente.
- Límites bien claros. Estar calmado no significa ceder a todo. Sino de estar tranquilo y mantener las reglas aun cuando tu crío insista.
- Reconoce sus emociones. Puedes decir «se que estás enojado porque querías seguir jugando», eso ayudará a que se siente validado y escuchado, y por ende a que también se tranquilice.
