¿Cuántas veces han escuchado o les ha pasado por la cabeza la frase “Así me educaron y estoy bien”? Cuando se trata de criar y educar a nuestros hijos es muy común caer en patrones o formatos con los que nosotros fuimos educados. Honestamente sí creo que hay muchas cosas de esos “otros” tiempos que aún podemos usar o aplicar, pero la realidad irrefutable es que los tiempos ya cambiaron y no solo porque han pasado años desde que los hoy padres fuimos niños, sino que también ha cambiado el mundo: la tecnología y el acceso a la información que tenemos, las formas de convivencia, la manera de hacer las cosas, las herramientas que usamos, las carreras, la integración de las familias, las opciones de vida y… este año, la pandemia.

¿Por qué dejar de usar la frase “Así me educaron y estoy bien”?

Si son tan evidentes los cambios de la vida, ¿por qué a veces nos aferramos a seguir formando a los críos de las mismas formas de “antes”? En el ritmo frenético de vida que solíamos llevar la mayoría de las personas antes de la pandemia, las prioridades en la formación y en la educación de los hijos eran muy distintas a las de hoy. Espero que nos hayamos dado cuenta de que se necesita más que conocimientos académicos y buenas calificaciones para ser y estar en la vida como seres humanos funcionales y emocionalmente inteligentes. Educar y criar para mí son cosas distintas, complementarias, no opuestas, pero definitivamente no quiero educar y criar a mis hijos como fui educada y criada. Sí creo que hay cosas que siguen vigentes como que los valores se enseñan desde la casa y mi máxima de crianza es “niño ve, niño hace”, (obvio aplica para niños y niñas), pero muchas otras cosas no se pueden enseñar igual que hace años y debo empezar por dejar de decir la frase “Así me educaron y estoy bien”.

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No pretendo decirle a nadie como criar a los niños, pero sí quiero compartir algunas cosas que a mi me han funcionado para acompañar la formación de los míos y tengo cuatro y va más enfocado a lo que NO funciona porque de alguna manera amenaza o rompe el vínculo o la relación entre padres e hijos; y ¿saben qué?, si el vínculo se rompe estamos completamente desarmados para ser cercanos a nuestros hijos: 1. No funciona imponer la norma o la regla por encima de la relación. Para educar elige lo que es negociable y lo que no. No te vuelvas esta mamá o este papá tóxico e insoportable que cada vez que se cruzan con sus hijos tienen algo negativo que decir, alguna corrección que hacer o una norma que recordar. La vida y la formación de un ser humano es mucho más amplia que eso. Sí hay que enseñarles, pero la vida es otra cosa. Olvídate de ser la nefasta repetidora de cada 5 minutos, que de manera natural los humanos rechazamos lo que nos choca y por lo general hacemos lo contrario, mejor enseña con el ejemplo. 2.No olvides dedicar tiempo a tus hijos. No es suficiente que todos estemos en el mismo lugar; no es sinónimo de que estamos juntos, a veces estamos más distantes porque cada quien está absorto en sus cosas, en sus propios ritmos e intereses. Separa un tiempo especial para estar activamente en familia: la sobremesa, la cena, una película, un juego de mesa o leer en compañía, cada familia decide, pero hazlo. Hoy más que siempre, apuesta por experiencias y memorias, no por cosas.

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3. No ignores sus necesidades. No lo asimiles a tu vida de adulto, los niños tienen otros ritmos para alimentarse, hidratarse, jugar, dormir, tener momentos de actividad y momentos de calma, observa cuáles son y adelántate. Te guste o no, eres el adulto responsable, asume tu rol. No confundamos niños autosuficientes con niños abandonados. 4. La agresión o la violencia (que incluye ignorar a los niños y adolescentes) en cualquiera de sus formas evidentes o sutiles (golpes, gritos, castigos, humillaciones, rechazo) no suman nada a la crianza y la formación de un ser humano. La violencia genera violencia y rompe a las personas sin importar su edad, no caigas en repetir patrones de tu infancia. Aquí no aplica la frase “Así me educaron y estoy bien”, porque entonces pregunto, ¿en serio estás bien? Sé el cambio. Busca ayuda si no sabes cómo. El amor y la comunicación son las mejores herramientas para enseñar algo. 5. No compares, a nadie ni a nada, personas o situaciones. Cada casa es un universo, no te compares ni tú, ni a tus hijos, ni a tu pareja, cada quien lo suyo. 6. No amenaces. La amenaza logra a lo mejor el resultado, pero se pierde el respeto, la credibilidad, la confianza y el amor, es un precio muy caro.

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7. No pases por alto crear rutinas saludables y sencillas que se adapten a tu estilo de vida. No a lo que tú hacías de pequeño, o a lo que hace tu hermana o a lo que dice el especialista o el doctor, conoce a tus hijos, a tu familia y crea tus rutinas. 8. No les des todo. Este punto es muy importante. Venimos de culturas y familias que se han vuelto consumistas, que han llenado vacíos emocionales con cosas, no repitas esos patrones. Empieza a romper y a cambiar el sentido de la inmediatez en los niños, para en ellos el desconocimiento de no saber el origen de las cosas y busca valorar mutuamente lo que son como familia. Menos es más, es importante que lo aprendan desde ya. 9. No eduques para competir o sobresalir, mejor forma para pertenecer y para crear comunidad, al mundo le urgen seres humanos que se ocupen todos de todos.

Por otro lado: ¡Lo acepto, soy una señora!

10. No te distraigas, lo importante hoy es estar atento a lo que somos como personas, reconoce las habilidades de tus hijos, sus pasiones, sus intereses, sus miedos. Deja de pensar que quieres lo mejor para ellos haciendo lo que fue mejor para ti. El mundo es un cambio constante y tienen que serlo también la educación y la crianza. Deja de lado esa terrible frase “Así me educaron y estoy bien” porque nuevamente pregunto: ¿Realmente estás bien? No hay acto de amor más grande que cambiar y ser flexible, la rigidez no es un buen aliado para el amor. Bien lo dijo la Madre Teresa: “Si quieres cambiar al mundo, ve a casa y ama a tus hijos”.