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Papás helicóptero: ¿Defender a tu hijo o enseñarle a resolver sus problemas?

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Ver a tu hijo pelear con otro niño activa de manera inconsciente tu lado sobreprotector, pero no siempre podrás estar ahí para defenderlo.

Papás helicóptero
Ver a tu hijo triste, excluido o en medio de un problema de la escuela activa tu instinto natural de protegerlo aunque no siempre te des cuenta. Y es que en los últimos años, cada vez hay más papás helicóptero. Un estilo de crianza en el que los adultos analizan constantemente la vida de sus hijos para resolverles todo.

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Papás helicóptero: ¿Defender a tu hijo o enseñarle a resolver sus problemas?

Ser un papá helicóptero es querer interceder por tus hijos ante cualquier cosita o asumir tareas que a ellos les correspondería resolver. Y aunque viene desde el amor y el deseo genuino de evitarles el sufrimiento, esta es una dinámica de sobreprotección infantil que se conoce como overparenting. Cuando resolverles todo se vuelve «lo normal», esto podría convertirse en un obstáculo que frene el desarrollo de sus habilidades emocionales básicas, como la tolerancia a la frustración y la autonomía.

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¿Eres un papá helicóptero? 

¿Quieres saber si eres un papá helicóptero? Fíjate cuánto te metes en el día a día de tus hijos: si resuelves sus problemas con los maestros, eliges a sus amigos o hasta les haces la tarea para evitar una mala calificación.

Suena fuerte pero aunque la intención sea cuidarlos, el overparenting le envía un mensaje inconsciente a tus críos: «no confío en que tú solo puedas resolverlo». Y a largo plazo, esta sobreprotección infantil solo genera inseguridades y poca capacidad de adaptación a los problemas comunes del día a día.

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El punto medio: Acompañar sin resolver 

La clave para no caer en ser un papá helicóptero no es dejando a tu pequeño a su suerte, sino acompañarlo y enseñarle a que desarrolle sus propias herramientas. Para lograr el equilibrio perfecto entre contención y autonomía, puedes empezar con estos pequeños pasos:

  • Que sepa que estás presente sin intervenir de golpe: Si el problema no pone en riesgo su salud física o mental, dale espacio para que intente solucionarlo solo primero. Intervén solo si el problema supera su madurez cognitiva o emocional.
  • Haz preguntas que lo orienten: En lugar de solucionarle todo al minuto uno, dile: «¿Tú qué crees que podrías hacer para resolver esto?» o «¿Cómo te gustaría actuar la próxima vez?».
  • Escucha y valida sus emociones: Cuando llegue a casa contando un problema, no corras a llamar al papá o a la mamá del niño que lo molestó. Primero escucha su versión sin juzgar y pregúntale cómo se sintió.

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