Y yo, siendo madre, puedo ver mi dolor en su dolor.
Porque cuando la relación con nuestros hijos está sufriendo, nosotros sufrimos. Haríamos lo que fuera para que se sintieran apoyados y conectados. Pero muchas de nosotras no tenemos la menor idea de cómo hacer eso.
Esta es la maternidad en su más bella —y más vulnerable— expresión.
También lee: La maternidad ya no se vive como antes
Cuando sentimos que no tenemos idea de cómo maternar
Nos sentimos como capitanes de un barco. Sabemos que hay una dirección, intuimos que hay una brújula… pero no sabemos cómo seguirla, es más, no sabemos ni en dónde está guardada.
El ciclo clásico que hemos vivido todas las mamás en la infancia de nuestros hijos es ese en donde sentimos que no tenemos idea de lo que estamos haciendo y que no hay nada más que podamos hacer.
Y en el fondo de nuestro corazón aparece un pensamiento difícil de nombrar: que estamos fallando miserablemente en esto de la maternidad.
Y ese pensamiento, nos llena de culpa.
El ciclo emocional que se repite en la maternidad
El ciclo va algo así:
Los niños hacen algo que no nos gusta → nos enojamos → les gritamos → lloran → nos sentimos culpables.
Una vez que aparece la culpa, queremos subsanar lo que hicimos. Intentamos reparar, suavizamos, incluso cedemos.
Y entonces ellos, naturalmente, perciben nuestra vulnerabilidad. Los límites se mueven otra vez.
Y el ciclo vuelve a empezar.
Es un ciclo patéticamente predecible.
Y una vez más, nos lleva a sentirnos solas, desconectadas y profundamente cansadas.
La culpa, el enojo y el resentimiento en la maternidad
Cuando este ciclo se repite, no sólo nos sentimos culpables, también empezamos a sentir enojo con nosotras mismas y poco a poco, aparece el resentimiento.
Los hijos sacan lo mejor y lo peor de nosotros.
El amor que sentimos por ellos es tan grande, tan expansivo, que a veces parece que nos podría explotar el corazón. Y al mismo tiempo, esa misma intensidad nos confronta con partes tan oscuras de nosotras, que no sabíamos ni siquiera que habitaban ahí.
Nadie nos habló del lado oscuro de la maternidad
Nadie nos contó el lado oscuro de la maternidad.
Nadie nos dijo la cantidad de veces que nos sentiríamos desoladas, que no íbamos a tener idea de qué hacer en millones de situaciones que la vida nos iba a lanzar.
Mamás con hijos que están siendo buleados, otras que no les va bien en la escuela, mamás con hijos que no tienen amigos o con jóvenes que se niegan a seguir estudiando, la lista es infinita.
Y nadie nos dio una caja de herramientas bien empacada para enfrentar estas realidades.
Maternar con pocas herramientas y muchas emociones
Entonces nos encontramos en un lugar complejo:
Con poquísimas herramientas… teniendo que solucionarlo todo, dentro de una relación en la que tenemos que intervenir con todas nuestras emociones envueltas.
La vida me ha puesto en un lugar en el que me toca hablar con mamás, dar opiniones y compartir consejos, pero siendo completamente honesta, cuando se trata de mi propia vida con mis hijos, no ha sido siempre fácil.
La maternidad hoy: un punto crítico
Hoy, como padres, nos encontramos en un punto crítico.
El avance del mundo tecnológico nos pone en una posición en la que tenemos que intervenir de una forma distinta.
La salud mental de nuestros niños está en riesgo como jamás lo había estado.
La ansiedad y la depresión entre los jóvenes están en niveles que nunca habíamos visto.
Nuestros hijos viven en un mundo lleno de problemas… y muchas veces sentimos que sólo podemos observar, sin saber qué hacer.
Pero la realidad es otra.
Sí hay formas de acompañar mejor a nuestros hijos
Sí hay cosas que podemos hacer: no desde la perfección, no desde el control, pero sí desde el aprendizaje.
Simplemente tenemos que aprender cómo.
Esta es la primera de una serie de conversaciones
Con esta serie de columnas que empieza hoy, quiero que juntas nos sintamos empoderadas, conectadas, fuertes y valientes.
Que nos atrevamos a hacer lo distinto, que rompamos patrones, que construyamos conexiones auténticas con nuestros hijos. Relaciones que nos permitan honrar lo más valioso que tenemos y al mismo tiempo darles a ellos el espacio para ser quienes son, con la certeza de que serán amados exactamente por eso.
Esta es la primera conversación.
Y no tenemos que hacerlo solas.
La maternidad no revela a los hijos,
Revela a la madre.
