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Ira maternal: ¿Por qué le grito tanto a mis hijos?
Aunque por años la sociedad se ha encargado de vendernos la idea de que la maternidad es miel sobre hojuelas, la realidad es otra. Porque el enojo es una respuesta biológica natural y normal. Pero, ¿por qué hay días que la paciencia con los niños es cero?
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¿Qué existe detrás del mom rage?
A diferencia de los enojos «normales», la ira maternal es una reacción desproporcionada que nace por la sobreestimulación y agotamiento extremo. Una realidad es que no explotas porque a tu hijo se le cayó la leche, sino porque tu sistema nervioso está en mood supervivencia gracias a estos factores:
- Carga mental y física: Esto es gracias a la falta de sueño, el poco tiempo que tienes para estar a solas contigo más el exceso de tareas, desde limpiar la casa hasta llevar a los niños a la escuela.
- Sobreestimulación sensorial: El llanto del crío, las preguntas que los niños hacen una y otra vez, y el contacto físico constante, sin darte cuenta saturan tus sentidos.
- Necesidades invisibles: Pasar horas sin comer porque «no te dio tiempo» o postergando las idas al baño, cuando son una necesidad básica.
Si sumamos todos estos factores, el cerebro lo interpreta automáticamente como una amenaza real. Haciendo que la respuesta de «lucha o huida», esté todo el tiempo prendida. Ya que la ira, es en realidad un grito de ayuda para tu cuerpo.
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¿Cómo detener los ataques?
El primer paso para sanar la ira maternal es validando tus emociones. Acepta que tu enojo es real, es válido y que tus hijos no son el enemigo. Así que cuando sientas que estás a punto de explotar, recuerda esto:
- Tiempo fuera: Busca un momento a solas e intenta respirar lo más profundo que puedas. Esto te ayudará a regular tu sistema nervioso antes de hablar.
- Identifica qué te hace explotar: ¿Explotas más por las tardes? ¿Cuando tienes hambre? Saber en qué momento te ocurre más te puede ayudar a anticiparte.
- Baja tus estándares: No pasa nada si el piso está sucio un día o la cama destendida, tu salud mental es primero.
Sentir enojo no te hace una mala mamá, te convierte en un ser humano. Pero si sientes que la ira materna esta rebasando tus límites y afectando tu vida diaria, buscar terapia te dará las herramientas para sobrellevarlo.
