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El cerebro de los papás también cambia cuando nace un bebé

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Ser papá no solo implica cambios emocionales, también biológicos. La paternidad puede modificar el cerebro, las hormonas y la forma en la que los hombres se vinculan con sus hijos.

cerebro de papá
Convertirse en papá no solo cambia la rutina o las prioridades. También cambia tu cerebro, tus hormonas y la manera en la que te vinculas con tu bebé. Por mucho tiempo, las investigaciones se centran en los cambios físicos, emocionales y mentales que viven las mamás, pero la paternidad también transforma. No solo en lo emocional, también a nivel biológico.

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Ser papá también cambia el cerebro

Algunas áreas del cerebro de los papás primerizos, pueden presentar cambios importantes después de la llegada de un bebé. Entre ellas se relacionan la empatía, la toma de decisiones, la planeación, atención social y la capacidad de responder a las necesidades de otra persona.

Es como una reorganización del cerebro que se adapta para responder mejor a su nuevo rol de cuidador y protector. Es como si el cerebro dijera: «ahora hay algo más importante a lo que tienes que poner atención».

Cambios en el cerebro de papá

1. La amígdala se vuelve más sensible

Parte del cerebro relacionada con las emociones, la alerta y el instinto de protección. Esta zona está más alerta, especialmente cuando hay señales de llanto, malestar o cuando hay necesidad de consuelo.

Lo que explica la razón por la que muchos papás comienzan a sentirse más atentos, protectores o incluso más sensibles emocionalmente después del nacimiento de su crío.

2. Las hormonas también cambian

Después del nacimiento de su crío, suelen disminuir los niveles de testosterona en los hombres. Aunque esta hormona se asocia con fuerza o deseo sexual, también se relaciona con conductas como la competencia o la impulsividad, pero cuando baja, el cuerpo puede notar una mayor disposición al vínculo, al cuidado y la conexión emocional.

Al mismo tiempo, los papás pueden tener niveles de oxitocina muy similares a los de mamá, relacionada con el apego, el contacto físico y la sensación de conexión con su crío.

El vínculo también se construye 

La paternidad no funciona como un interruptor que se prende automáticamente. El cerebro de papá es muy flexible, cambia a partir de la experiencia y entre más participa en el cuidado diario, más se fortalecen los circuitos relacionados con la empatía, el vínculo y la atención a su crío.

Por eso actividades simples tienen mucho peso, como cargarlo, arrullarlo, cambiarlo, jugar con él, hacer contacto físico o simplemente pasar tiempo con el bebé. Esto es importante, porque rompe con la idea de que el vínculo entre papá e hijo siempre es inmediato o instintivo, cuando ese lazo también se va formando poco a poco.

Fuentes: Biological Psychiatry; Cerebral Cortex; Clinical Child and Family Psychology Review.

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