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¿Cuál es tu prioridad: tranquilizar a tu hijo o controlarlo?

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La crianza implica decisiones difíciles. Pero como mamá o papá puedes tomar mejores decisiones si estás informado.

regular o controlar
¿Cuál es tu prioridad: tranquilizar a tu hijo o controlarlo? La pregunta incomoda, pero es necesaria. Y no, pensarla no te hace mala mamá o mal papá. A veces los adultos también nos desbordamos, incluso con las mejores intenciones.

La crianza no va de hacerlo perfecto. Va de revisar lo que pasa cuando el llanto, el enojo o la frustración aparecen.

No todo lo que parece regulación, lo es. A veces solo es control con otro nombre.

Regular no es controlar la conducta

La evidencia en regulación emocional y neurodesarrollo es clara: controlar la conducta no regula el sistema nervioso.
Solo enseña a inhibir emociones.

Frases como:

  • “Compórtate ya”.
  • “Cálmate o hay consecuencias”.
  • “No llores, eso no es grave”.

Pueden detener la conducta, pero no bajan la activación interna. El cuerpo sigue en alerta. El niño aprende a contenerse, no a autorregularse.

Regular implica seguridad, co-regulación y lenguaje acorde al nivel de activación del niño.

Señales de que estás intentando controlar

Vale la pena observarte si lo que buscas es:

  • Que el comportamiento pare rápido.
  • Evitar el ruido, las miradas o el caos.
  • “Corregir” la emoción en lugar de acompañarla.

En esos momentos, la pregunta suele ser: “¿Cómo hago para que deje de hacer esto?”

Ahí el foco está en la conducta, no en el sistema nervioso.

Señales de que estás regulando

La regulación real se ve distinta, incluso si el llanto continúa un rato.
Estás regulando cuando:

  • Te mantienes presente, aunque incomode.
  • Nombras lo que pasa sin minimizarlo.
  • Ajustas tu tono, tu postura y tus palabras.

La pregunta cambia por completo: “¿Qué necesita su sistema nervioso ahora mismo?”

A veces es contacto. Otras, espacio. A veces silencio. Otras, palabras simples.

Regular no es dejar hacer todo

Regular no significa ausencia de límites. Significa sostenerlos sin apagar emociones.

Puedes decir:
“Veo que estás muy enojado y no voy a permitir que pegues”. El límite se mantiene y el vínculo también.

La próxima vez que tu hijo se desborde, haz una pausa breve. Observa tu urgencia. Pregúntate si buscas control inmediato o calma real.

Ese cambio interno suele ser el inicio de una regulación auténtica.

Fuentes:

  • Siegel, D. & Bryson, T. The Whole-Brain Child.
  • Porges, S. Polyvagal Theory.
  • Center on the Developing Child, Harvard University.
  • American Academy of Pediatrics (AAP).

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