Para entenderlo, hay que bajar el tema a tierra y dejar la culpa afuera.
El cerebro infantil no funciona como el tuyo
El cerebro de un niño pequeño no está terminado. Literalmente sigue en construcción. Las áreas que permiten inhibir impulsos, priorizar estímulos y responder de forma consciente maduran lentamente.
En especial, la corteza prefrontal. Esa zona es clave para funciones como atender, planear y controlar la conducta. En la infancia temprana, todavía no está lista para “escuchar, procesar y actuar” como esperas.
Por eso, aunque te mire, puede no responder. Su cerebro está ocupado sobreviviendo al estímulo del momento.
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Atención no es lo mismo que obediencia
Aquí suele haber confusión. Que tu hijo no responda no significa que eligió no hacerlo. Significa que no logró filtrar estímulos.
El cerebro infantil funciona más por reacción que por intención. Si está jugando, su sistema atencional está secuestrado por esa actividad. Cambiar de foco requiere una habilidad que se entrena con los años, no con regaños.
Además, la atención sostenida es muy corta en los primeros años. En un preescolar puede durar apenas unos minutos.
La inmadurez neurológica se nota así
Algunas señales comunes que no tienen que ver con mala conducta:
- No responde cuando lo llamas.
- Parece “en su mundo”.
- Reacciona lento a instrucciones verbales.
- Necesita que te acerques, lo mires y repitas.
- Todo esto es esperable en etapas tempranas del desarrollo.
- Entonces, ¿qué sí puedes hacer?
Primero, ajusta expectativas. No esperes respuestas automáticas. Después, cambia la forma de pedir. Acércate, baja a su nivel visual y usa frases cortas. Dale tiempo para procesar. El silencio también es parte del proceso.
Finalmente, recuerda esto: el autocontrol no se exige, se construye. Y se construye con repetición, calma y acompañamiento.
Cuándo sí conviene poner atención extra
Si notas que nunca responde a su nombre, no sigue instrucciones simples para su edad o hay pérdida de habilidades, vale la pena consultar con un especialista. No para alarmarte, sino para orientar.
En la mayoría de los casos, no hay un problema. Hay un cerebro haciendo lo mejor que puede con lo que tiene hoy.
