Por eso aparecen irritabilidad, llanto fácil o resistencia a la rutina. No es retroceso. Es ajuste. cerrar el ciclo sin caer en crisis
Por qué el final se siente tan fuerte
Durante las fiestas, el cerebro infantil se acostumbra a altos niveles de emoción. Al bajar el ritmo, aparece un vacío. Además, regresar a horarios, límites y responsabilidades requiere energía emocional. Y no siempre hay reservas suficientes. En algunos niños, esto se manifiesta como enojo. En otros, como tristeza.
Cómo facilitar la transición
- Empieza de forma gradual. Retoma horarios poco a poco, no todo en un día.
- Anticipa lo que viene. Decir “mañana volvemos a la rutina” reduce ansiedad. La previsibilidad da seguridad.
- También ayuda validar el cierre. Puedes decir: “Fue lindo, y ahora toca descansar”.
La clave no es imponer, sino sostener. Mantén rutinas claras, pero con margen emocional. Incluye momentos de conexión diaria. Diez minutos de atención plena hacen diferencia. Evita saturar con actividades extra. El cuerpo y la mente necesitan aterrizar.
Cerrar bien este ciclo enseña algo valioso. Que los cambios terminan, y eso es manejable. Con acompañamiento, tu hijo aprende que la calma también es un lugar seguro.
