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México se enfrenta a una epidemia de cesáreas que ponen en riesgo a mamás y bebés
Aunque la cesárea es una gran herramienta para salvar vidas en emergencias, muchas veces se realiza sin una razón médica real. Se cree que no tiene riesgos, pero la realidad no es así. Operar a alguien sin ser necesario solamente aumenta las probabilidades de sufrir infecciones, hemorragias o trombosis. Además de que la cicatriz que queda en el útero marca de manera definitiva cómo serán los siguiente embarazos.
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Por el lado de los recién nacidos, una de las consecuencias más graves de esta epidemia de cesáreas son los nacimientos programados antes de tiempo. Por ejemplo, si hay un margen de error al calcular la edad gestacional, un bebé programado a las 39 semanas podría nacer realmente a las 37. Aunque parezca una diferencia pequeña, esto puede provocar dificultades respiratorias que requieran el apoyo de oxígeno o internamiento en terapia intermedia. Lo que interrumpe el apego inmediato con la mamá y complica el inicio de la lactancia materna.
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Violencia obstétrica y otros factores que influyen
El aumento de cesáreas se debe a varios factores. En los hospitales privados, las pólizas de los seguros médicos y la comodidad de poder programar el día y la hora del nacimiento suelen influir en esta decisión. Por otro lado, en el sector público, la saturación de los hospitales y la falta de un acompañamiento adecuado generan mucha ansiedad en las futuras mamás, lo que lleva a muchas a pedir la cirugía ante la desesperación.
Realizar una cesárea sin explicarle a la mamá por qué es necesaria también es una forma de violencia obstétrica. Salvo en una urgencia médica que pueda ser comprobada, todas las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo y a pedir una segunda opinión antes de entrar al quirófano.
El parto natural también es normal
Con esta epidemia de cesáreas, las especialistas de la UNAM recuerdan que el parto natural sigue siendo la opción más segura y beneficiosa para la mayoría de las mujeres y sus bebés. Por eso, una de sus prioridades es garantizar que cada mamá reciba una atención humana, con el apoyo emocional necesario durante todo el proceso, y que las cesáreas se guarden únicamente para los momentos en los que la salud de alguno de los dos esté en verdadero peligro.
