Esta historia termina en un lugar cálido, alborotado y lleno de luz. En la semana 40 del embarazo tu bebé inició hace unas horas una odisea, un camino a lo desconocido, impulsado por la misma energía que hace nueve meses, facilitó el encuentro entre dos células totalmente diferentes y perfectamente complementarias. En esta semana tiene el tamaño de una calabaza y supera los 3 kg.

La maravilla de la semana 40 del embarazo

De esas dos células, a través de una serie de cambios y sincronías sorprendentes, se formó tu hijo, un ser humano único, irrepetible y que acaba de superar su primer gran reto: nacer.

En la semana 40 del embarazo, en segundos, pasó de su cosmos acuático, silencioso y tibio, a respirar aire, a sentir frío y distinguir luz, voces y sonidos nuevos. Su cuerpo deja de estar unido a la placenta por el cordón umbilical y eso desata una serie de transiciones importantes para que pueda vivir.

Con su primer llanto, los pulmones se llenan de aire, la presión arterial aumenta y su corazón empieza a bombear sangre por todo el cuerpo. ¡Bienvenido a la vida bebé!

El primer consuelo emocional, el de tocar y ser tocados por nuestra madre es el recuerdo primario de amor incondicional, y se queda con nosotros de por vida, afirmó la autora Diane Ackerman. El tacto es esencial para el desarrollo de los seres humanos. Ese contacto es clave para tu bebé durante su primera hora de vida.

En tu cuerpo, hay cambios rápidos y sorprendentes. El trabajo de parto altera tu química cerebral y te predispone a cuidar a tu bebé. El contacto piel con piel puede empezar inmediatamente después del parto vaginal, cuando mamá y bebé están estables, incluso antes de cortar el cordón umbilical. La recomendación de la OMS es secar al bebito, colocarlo sobre el vientre de mamá y cubrirlo con una sábana.

Después de una cesárea, en la semana 40 del embarazo, si mamá está alerta, puede recibir a su bebé inmediatamente, mientras los médicos terminan la cirugía. En ambos casos, si es posible, solicita que la luz sea tenue. ¡Imagínate lo que se siente salir de un clóset oscuro a un quirófano con brillantes luces!

Cuando tienes contacto piel con piel con tu bebé recién nacido, cuando te lo pones al pecho y empieza a succionar, se liberan hormonas que, literalmente, activan el instinto materno. Y no sólo eso, la oxitocina también provoca las contracciones para que salga la placenta y tu útero regrese a su tamaño y deje de sangrar.

Los estudios afirman que si te pones a tu bebé al pecho en la primer hora después de su nacimiento, su salud y el éxito de la lactancia aumentan mucho. Es una forma de suavizar la transición del vientre al mundo. Al ponerlo sobre tu pecho, puede escuchar el latido de tu corazón y tu voz, tal como hacía dentro de ti. Su ritmo cardiaco, temperatura y respiración se estabilizan. Imagínate qué reconfortante es eso para él. Sus ojos se van a fijar en los tuyos. En este instante, tu bebé te mira por primera vez, y tú lo miras a él. El mundo se detiene, todo lo demás se pierde. Aquí están, al final de este viaje, mamá y bebé. No hay palabras que describan este instante, ese momento en que se reconocen. ¡Feliz cumpleaños bebé!

La primer hora es tuya y de tu bebé, es para estar abrazados, juntos, en presencia y corazón: todo está bien. El contacto piel con piel sigue más allá de la primera hora de vida de tu bebé. Cuando estás piel con piel con tu chiquito, aprendes qué necesita y él se siente protegido.

En la semana 40 del embarazo tu organismo y el de tu bebé producen beta endorfinas, que son neurotransmisores de bienestar. Obtienes una recompensa neurológica, literalmente, por atender a tu bebé, y él relaciona bienestar con tu presencia. Puedes empezar desde el hospital, al compartir la habitación con tu bebé pasa algo maravilloso: tu confianza en tu capacidad de ser mamá aumenta. Tu bebé duerme más tranquilo y si decides amamantar, será mucho más fácil porque oler a tu bebé todo el tiempo provoca que produzcas más leche. Te digo, es una sincronía perfecta.

Hace cuarenta semanas esta historia empezó sin que nadie supiera el momento preciso, en un sitio pequeño, oscuro y silencioso. Un par de células microscópicas se encontraron, se fusionaron y empezaron a multiplicarse, echando a andar una serie de procesos, cambios y sincronías perfectas que crearon lo que hoy tienes en brazos: una vida como no había existido antes, como no habrá después. Tal vez estas células se buscaban desde el principio de los tiempos, tal vez es un proceso biólogico que sucede millones de veces en la naturaleza y en miles de especies de animales. Tal vez es una coincidencia única, sorprendente y conmovedora cada una de las veces que sucede. La vida siempre encuentra la manera y todavía nos falta mucho por aprender.

En la semana 40 del embarazo, esta historia termina con otro gran viaje, la odisea del nacimiento y de la hora dorada. Es otro encuentro, ahora bajo miradas amorosas, con testigos y hora precisa en el reloj. Es el momento que tus ojos y los de tu bebé se encuentran, es ese instante en que sabes, que eres mamá y eso te cambiará para siempre. Pero eso, eso es otra historia.

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