Además, durante el embarazo los cambios hormonales y la presión del bebé sobre el aparato digestivo pueden favorecer gases, estreñimiento e indigestión. Entonces, ¿cómo saber si son contracciones o gases?
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Así se sienten las contracciones de parto
Hay una pista bastante útil: las contracciones tienen ritmo.
Al principio pueden sentirse como cólicos parecidos a los de la menstruación. Después, el dolor aumenta, llega a un punto máximo y disminuye. Luego viene un descanso antes de la siguiente contracción.
Conforme avanza el trabajo de parto, las contracciones suelen volverse más regulares, frecuentes e intensas. La Academia Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) señala que este patrón ayuda a diferenciar el trabajo de parto verdadero de otras molestias.
Otra señal: tu abdomen se pone duro durante la contracción y después vuelve a relajarse. Es como si tu panza hiciera “modo piedra” por unos segundos.
También pueden aparecer otros cambios, como mayor flujo vaginal o expulsión de moco con sangre.
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¿Y cómo se sienten los gases?
Los gases suelen provocar un dolor más irregular, punzante o localizado, además de inflamación o sensación de llenura.
Una pista todavía más práctica: si después de ir al baño o expulsar gases el dolor disminuye, probablemente el culpable era tu sistema digestivo. Caminar suavemente también puede ayudar a aliviar estas molestias.
En cambio, las contracciones de parto no suelen desaparecer simplemente porque cambies de posición o vayas al baño. Con el tiempo, tienden a hacerse más constantes.
¿Cuándo debes llamar a tu médico?
Si estás cerca de tu fecha de parto y no sabes si lo que sientes son gases o contracciones, no tienes que resolver el misterio tú sola. Llama a tu obstetra o al hospital donde planeas dar a luz para recibir indicaciones.
Y si presentas sangrado vaginal, salida de líquido, contracciones regulares y dolorosas o cualquier síntoma que te preocupe, comunícate con tu equipo médico. ACOG recomienda consultar ante signos que puedan indicar que el trabajo de parto está comenzando.
Al final, puede que sí haya sido esa cena pesada… pero cuando el dolor empieza a tener horario, intensidad y patrón, vale la pena sacar el cronómetro.
