Hoy muchos niños conocen el término en internet y lo adoptan como etiqueta. Antes también existía, solo que se llamaba “jugar a ser”. La diferencia es que ahora hay comunidades, videos y lenguaje específico que refuerzan la idea. Por eso puede parecer más serio de lo que realmente es.
También lee: ¿Tus hijos afectan tu identidad?
Por qué pasa en la infancia
Entre los 7 y 12 años el cerebro está construyendo identidad. Tu hijo necesita pertenecer, diferenciarse y explicar emociones que todavía no sabe nombrar. En ese contexto, los animales funcionan como metáforas muy claras. El lobo representa independencia, el gato autonomía, el zorro astucia o reserva.
Decir “soy un gato” muchas veces significa “me siento raro”, “quiero estar solo” o “me cuesta socializar”. La American Psychiatric Association explica que el juego simbólico y las identidades imaginarias son parte del desarrollo normal. Sirven para procesar emociones y practicar habilidades sociales.
Además, internet amplifica el fenómeno. Encontrar a otros niños iguales valida la conducta y la vuelve más duradera. No es peligroso por sí mismo, pero sí puede fijarse más tiempo.
Cuándo es solo una etapa
En la mayoría de los casos aparece como juego prolongado. Puede durar semanas o meses y luego desaparecer cuando cambian intereses, amistades o seguridad personal. Mientras tu hijo mantenga escuela, amigos y actividades normales, se considera parte del desarrollo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda observar solo cuando la conducta interfiere con la vida diaria. Es decir, cuando deja de ser expresión y se vuelve limitación.
Señales de alerta: pierde amistades, evita hablar como humano, cree realmente no ser persona o se angustia intensamente si lo contradicen. Ahí ya no hablamos de juego identitario, sino de una posible dificultad emocional.
Cómo reaccionar sin romper la confianza
Corregirlo directamente suele empeorar la situación. Cuando siente burla o rechazo, el niño se aferra más a la identidad porque se vuelve su refugio. En cambio, si preguntas con curiosidad, obtienes información real.
Puedes decir: “¿Qué te gusta de ser ese animal?” o “¿Cómo te hace sentir?”. Así traduces la emoción detrás del personaje. Luego pon límites claros pero tranquilos: puede jugar en casa, pero en la escuela debe comportarse normalmente.
También conviene reducir el contenido que refuerza la etiqueta, no prohibirlo de golpe. Sustituye por actividades sociales o físicas donde experimente seguridad real.
Cuándo consultar a un especialista
Busca apoyo si dura más de un año, aumenta o afecta su funcionamiento. Empieza con psicología infantil. La meta no es quitar imaginación, sino entender qué emoción está comunicando.
Tu hijo no quiere ser un animal. Está intentando explicar algo interno con el lenguaje que tiene disponible. Si te mantienes cercano y curioso, probablemente será una etapa. Si se siente invalidado, se convertirá en su única forma de identidad.
Fuentes: American Psychiatric Association (DSM-5 desarrollo infantil), Organización Mundial de la Salud (salud mental infantil), literatura de psicología evolutiva sobre juego simbólico e identidad.
