Martha logró llegar a la semana 37 de embarazo, algo importante tratándose de gemelas. Para ese momento, su cuerpo ya estaba agotado.
“Respirar era difícil y dormir también”, contó. Aun así, llegó a la fecha programada para la cesárea.
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El día del parto, la epidural fue uno de los momentos más incómodos. “La aguja se veía enorme”, recordó. Aunque no sintió dolor, sí tuvo una reacción fuerte durante la cirugía y comenzó a temblar, algo común por la anestesia.
En el quirófano había música, pero también ruido médico. “Nada es como en las películas”, dijo, dejando claro que el momento fue más real que emotivo.
El momento de mayor tensión
La primera bebé lloró al nacer, lo que trajo alivio inmediato. Sin embargo, la segunda no respiraba. Martha recordó escuchar a los médicos decir “come on, baby”, un momento que describió como el más angustiante del parto. La bebé necesitó apoyo respiratorio y fue llevada a incubadora.
Tras la cesárea, Martha no pudo levantarse durante varios días, lo que le impidió ver de inmediato a su segunda hija. “Tenía a una conmigo y la otra no”, explicó.
Sobre la recuperación, fue clara: no fue fácil. Decidió manejar el dolor con lo mínimo y reconoce que el proceso fue más duro de lo que esperaba.
Hablar del parto sin idealizarlo
Martha dejó claro que no busca romantizar su experiencia. Para ella, el parto fue intenso, cansado y retador, pero también transformador. “Es fuerte y te cambia”, concluyó.
