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¿Te imaginas llorar y que alguien minimice lo que estás sintiendo? Algo así haces sentir a tu hijo cuando le dices «¡Deja de llorar!». Esta frase te puede ayudar a que entienda que tiene a alguien que lo respalda, incluso cuando él diga que no quiere.

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Sin embargo, nuestro trabajo como padres es apoyar el desarrollo de la autorregulación emocional de tu hijo, algo que solamente puedes hacer al desarrollar empatía y comprensión. Con una frase tan sencilla como esta, tu hijo sabrá que lo escuchas, que lo ves.

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Por eso es importante que a través de otras frases enseñemos a nuestros hijos a saber que en nosotros encontrarán contención.

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Reconocer que hay un motivo que desencadenó el malestar de tu hijo, le servirá para que él la identifique y pueda saber qué sigue a continuación.

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Sacarlo del momento de frustración, le dará la oportunidad de calmarse. Lo más probable es que solamente necesite pasar un tiempo tranquilo. Respiren juntos o dile que te ayude a hacer la comida o a armar un rompecabezas.

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Con esta frase conecta con tu hijo, abrázalo, tómalo de la mano y que sepa que estás para él.

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Incluso si aún no puede hablar, esto le ayudará a practicar para que pueda analizar el verdadero motivo que lo tiene así.

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La distracción puede servir para calmarlo, en especial si se trata de recordar un momento divertido o feliz. También pueden platicar sobre un plan que tenían programado como ir al parque o cocinar en familia y en lo divertido que será ese momento.

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Aunque nos encanta que nuestros críos sean autosuficientes, es importante que sepan lo respaldados que están. Enséñale buscar la solución, a través del procesamiento de sus emociones, para observar la situación de una manera objetiva.
