"Si no te duermes ya, vendrá el ‘coco’ por ti”.Asea tu habitación o te tiro a la basura tus libros favoritos”.  “Termina la tarea o te quedas sin cenar”. “Comparte los juguetes con hermanos o te los castigo por un mes”… ¿Te suenan familiares estas y otras frases?, incluso, algunas de ellas sí te funcionaron en su momento pero ahora simplemente tu hijo o hija ya no obedece. Por el contrario ¿se burla, te desafía y te reta?

Amenaza, recurso heredado

Para un número importante de padres, tutores e incluso maestros, la amenaza es el único recurso que conocen a fin de que los hijos y/o estudiantes realicen sus deberes. “La mayoría de los los adultos lo hacen de esa manera, por su propia experiencia, pues ellos también fueron amenazados en su infancia o adolescencia y es la única forma que tienen para ‘educar’”, explica la psicóloga cognitivo-coductual, Maricela Fonseca Analco, maestranda en orientación familiar. Pero recordemos que la amenaza tiene como fin intimidar a alguien porque se le causará un daño o perjuicio. “En los niños significa que algo malo y muy grave le  va a pasar a él, a su familia o a un objeto preciado; ello los provocará más y pueden hacerlos sentir que tienen que luchar, pelear o transgredir para cuidar aquello que es amenazado”, destaca Fonseca Analco. “Tal vez las primeras veces sí funcione, pero a medida que el niño crece y se da cuenta que quien lo amenaza no cumple su intimidación; o bien, que puede pelear aún más para proteger lo que está bajo amenaza, ya no creerá en ese método de disciplina”, puntualiza la entrevistada.

El castigo que no llega

La mayoría de las amenazas no se cumplen y solo buscan que el niño se asuste y termine haciendo lo que se le pide, pero en realidad pocos son los menores de edad que están convencidos de la importancia de hacer sus deberes y en cualquier oportunidad nuevamente desobedecerán porque el castigo nunca llega. Incluso, si los padres no cumplen lo que advierten o prometen, perderán autoridad frente a sus hijos y éstos mucho menos los tomarán en cuenta ni los obedecerán. Entonces, pueden volverse más rebeldes. Por eso, lo mejor es buscar estrategias de crianza que ayuden a los padres y a los niños a tener una sana convivencia. “El primer paso es que los adultos acepten anular esa forma de crianza, y aprendan nuevas estrategias”, recomienda la experta.

Practica los pilares de la disciplina positiva

A fin de evitar que el comportamiento de los niños empeore, es necesario que los padres aprendan los llamados pilares de la disciplina positiva y los practiquen diariamente.
  1. Identifica metas a largo plazo. Es decir, quieres que tu hijo todos los días haga la tarea, todos los días se lave los dientes, todos los días tienda su cama, no solo una o dos veces.
  2. Proporciona calidez. Explica con voz cálida, pausada y cordial los deberes de tu hijo, lo tienes que hacer sin saturarlo. Le puedes poner una lista con dibujos agradables y que los vaya haciendo de uno en uno.
  3. Brinda estructura. Ello significa que debes siempre ser coherente con lo que pides en tiempo y forma. Dale sus deberes por horarios (a las 9 am, a ls 11 am, o a las 3 pm, 5pm) o bien por momentos del día (por la mañana, tarde, atardecer, noche). En tu casa todos deben cumplir (incluyéndote) con los deberes en los tiempos acordados.
  4. Comprende cómo piensan y sienten tus hijos. Recuerda que tus hijos están creciendo y no piensan ni sienten como tú. Fomenta la auto-reflexión y ponte en su lugar de vez en vez.
  5. Soluciona problemas. No se trata de crear conflictos, vivir en regaños, llegar a los golpes. Tienes que solucionar problemas no generarlos. Recuerda que tus hijos convivirán contigo por toda tu vida.

Consecuencias sí, amenazas no

Le puedes dar a tu hijo consecuencias, que tienen como resultado natural algo positivo o negativo. Por ejemplo, si no te bañas olerás mal (el resultado natural es ese) o si haces la tarea pronto, tendrás más tiempo de jugar (el resultado es ese). En cambio, la amenaza siempre generará miedo, inseguridad, enojo, malestar e inquietud, incluso llanto y estrés. “Debemos enseñar a los niños que es ‘bueno’ hacer sus deberes, que todos los tenemos, y nos gusten o no, los debemos llevar a cabo por el bien del nosotros mismos, de nuestra familia y de nuestro futuro”, recomienda Fonseca Analco y explica que debemos fomentar los hábitos en los más pequeños de la casa. “Desafortunadamente aún vemos que muchos padres siguen con una crianza con un estilo autoritario y agresivo, por eso, si no podemos auto-regularnos es mejor apoyarnos con una terapia (busca ayuda profesional) que nos enseñe a educar en positivo, sanamente y a largo plazo. Podemos romper con esas enseñanzas negativas y darles a nuestros hijos y nietos otras formas de convivencia”.