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Durante el ciclo escolar, tu hijo tiene estructura, horarios y límites claros. En vacaciones, eso desaparece casi por completo. Y aunque al inicio suene liberador, el exceso de tiempo sin contención puede desregularlos.
Cambios en rutinas y efectos emocionales
Dormir a cualquier hora, comer sin horarios y pasar muchas horas en pantallas impacta más de lo que parece. El cerebro adolescente aún está en desarrollo y necesita cierta previsibilidad.
Además, la falta de actividades significativas puede aumentar el aburrimiento crónico. Esto se asocia con irritabilidad, apatía y conductas de riesgo.
Aislamiento y uso excesivo de pantallas
Durante vacaciones largas, el contacto social suele volverse digital. Aunque parezca conexión, muchas veces incrementa el aislamiento emocional.
El uso excesivo de redes también expone a comparaciones constantes, presión social y contenidos poco adecuados. Todo eso afecta su autoestima y regulación emocional.
Entonces, ¿qué sí ayuda?
No se trata de llenar cada minuto de actividades. Se trata de mantener algunos anclajes: horarios básicos, momentos familiares y espacios de conversación sin juicio.
Además, dar opciones —no imponerlas— ayuda a que se involucren más. El acompañamiento sigue siendo clave, incluso cuando aparentan independencia.
