Aunque para muchos adultos frases como: “¿Y tú ya sabes qué vas a estudiar?”, “ya estás grande para no decidir” o “yo a tu edad ya sabía qué quería ser” parecen normales, para un adolescente pueden convertirse en una fuente constante de ansiedad.
No saber qué quieren estudiar cuando crezcan no es falta de interés ni flojera: muchas veces es miedo y presión.
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¿Por qué pensar en el futuro pesa tanto en la adolescencia?
La adolescencia es una etapa en la que el cerebro todavía se está desarrollando, especialmente la parte que se encarga de la toma de decisiones, la planificación y la visión a largo plazo. Pedirles que definan su futuro profesional como si ya tuvieran todo claro puede ser abrumador.
Además, hoy los adolescentes crecen en un mundo que cambia rápido, con demasiadas opciones, expectativas altas y comparaciones constantes en redes sociales. Todo eso puede hacerlos sentir que si no deciden «bien» ahora, pueden arruinar su vida.
Señales de ansiedad por el futuro
No siempre lo dicen con palabras. A veces la ansiedad se manifiesta así:
- Evitan hablar del tema o cambian de conversación.
- Se frustran o se irritan cuando se les pregunta por su futuro.
- Dicen frases como «no sirvo para esto» o «todos saben menos yo».
- No saben tomar decisiones en el ambiente escolar.
- Tienen miedo de equivocarse.
Detrás de ese «no sé» suele haber una gran carga emocional.
No decidir también es parte del proceso
Contrario a lo que muchas veces creemos, no tener claro qué quieren es completamente normal. La adolescencia es una etapa para explorar, probar, equivocarse y conocerse. Decidir demasiado pronto, solo por presión externa, puede generar más frustración a largo plazo.
Más que una respuesta inmediata, lo que necesitan es:
- Tiempo.
- Confianza.
- Espacios seguros para hablar.
- Papás que acompañen sin imponer.
¿Cómo acompañar sin presionar?
Algunas frases que ayudan a validar lo que sienten pueden ayudar:
- Cambia las preguntas en lugar de «¿qué vas a ser», prueba con «¿qué cosas te interesan?».
- Valida su sentir: decir «es normal no saber» alivia más de lo que imaginas.
- Comparte tu propia experiencia, incluyendo cambios y dudas.
- Recuérdale que equivocarse no es fracasar, es aprender.
Un mensaje clave para llevarte a casa
Tu hijo no necesita que le digas qué camino tomar. Necesita saber que no está solo mientras lo descubre.
Acompañar la ansiedad por el futuro no es empujar respuestas, sino ofrecer calma, escucha y confianza en el proceso. Porque crecer también implica no tener todo claro… y eso está bien.
