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Este tipo de crianza no te invita a desatender a tus críos ni de ponerles la tele en automático, sino de encontrar maneras inteligentes y realistas de pasar tiempo de calidad con ellos sin morir en el intento. Durante años nos han vendido la idea de que ser buenos papás es terminar el día corriendo en el parque, armando fuertes con almohadas o inventando manualidades complejas. Pero la realidad es que una atención plena vale mucho más que la intensidad. Tus hijos no necesitan un animador de fiestas infantiles, necesitan tu presencia, tu escucha y tu afecto.
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Actividades para conectar sin esfuerzo
- Tu eres el «lienzo» o el «paciente»: El secreto de la crianza de baja energía es encontrar un rol que te permita estar acostado o sentado mientras ellos se entretienen con su imaginación. Por ejemplo, si juegan al hospital de peluches, misteriosamente tu puedes ser el paciente que está herido y cansado. Y como tu hijo es el doctor, tendrá que ponerte curitas, tomarte la temperatura y recetarte abrazos.
- Carretera humana: Acuéstate boca abajo en la alfombra para que tu crío pase sus carritos por tu espalda y piernas como si fueran una pista de carreras.
- El salón de belleza: Sal de la rutina dándole un cepillo y ligas para que peine tu pelo mientras tú te relajas.
- Audiolibros: En lugar de prender la tele, prendan la bocina. Pongan un audiolibro de cuentos o un podcast infantil mientras se acuestan juntos a dibujar o colorear en el piso. Es una excelente manera de fomentar su imaginación, estar tranquilos y relajarse.
- Cine en casa: Pídeles que hagan boletitos antes de que llegues a casa para darte entrada a la «sala». Hagan unas palomitas y acurrúquense bajo una cobija. El contacto físico libera oxitocina tanto en ti como en tu hijo, lo que ayuda a que ambos regulen sus sistema nervioso después de un día estresante.
- Preguntas en la cama: A veces para tener el mejor tiempo de calidad solo necesitas hablar. Acuéstense juntos a oscuras o con una luz cálida y háganse preguntas divertidas que no sean las típicas de: «¿Cómo te fue en la escuela?». Algunas opciones pueden ser: «Si pudieras tener un superpoder hoy, ¿cuál sería?», «¿Qué fue lo que más te hizo reír en el día?», «Si inventáramos un helado con tus dos comidas favoritas, ¿a qué sabría?».
Y recuerda, darte permiso para bajar el ritmo le enseña a tus hijos que cuidar de la propia salud mental y del cuerpo también es una prioridad.
