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Diferencias entre autismo y TDAH: Por qué no son lo mismo
El TDAH no es una forma de autismo, ni el autismo es un TDAH más complejo. Una persona puede presentar una de estas condiciones o cumplir con el diagnóstico para ambas. Pero, entonces ¿por qué siempre aparecen juntos? Actualmente ha crecido el interés por estudiar las condiciones del neurodesarrollo, sus posibles puntos en común y, especialmente, lo que sucede cuando dos condiciones diferentes se encuentran en una misma persona. A esto se le conoce como comorbilidad, cuando una persona puede tener autismo y presenta también TDAH, sin que esto signifique una misma condición.
Cada vez es más frecuente el uso del término «neurodivergencia infantil» y «neurodiversidad». Sin embargo, agrupar diferentes condiciones para estudiarlas o hablar de ellas no significa que debamos de perder de vista lo diferentes que son. Decir que un niño es neurodivergente es un concepto tan amplio que reconoce que existen diferentes maneras en las que el cerebro funciona, pero no sustituye un diagnóstico ni nos dice cuáles son sus necesidades particulares.
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¿Cuáles son las diferencias en el día a día?
Para comprender cada una de estas condiciones, es necesario revisar qué áreas del desarrollo afecta cada una:
- TDAH: Se caracteriza principalmente por la dificultad de regular la atención y/o hiperactividad e impulsividad. Suele afectar las funciones ejecutivas. Es decir, las habilidades que nos ayudan a organizarnos, planear, manejar el tiempo, recordar lo que tenemos que hacer y controlar nuestros impulsos.
- Autismo: Existen dificultades persistentes en la comunicación y la interacción social, como comprender y responder a ciertas situaciones. También pueden presentarse comportamientos repetitivos, intereses muy específicos, necesidad de rutinas o dificultad para adaptarse a los cambios.
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Misma conducta, diferentes razones
Aquí aparece algo que confunde: algunas conductas pueden parecer parecidas pero las razones son diferentes. Por ejemplo, un niño puede parecer que no escucha cuando le hablan. Si tiene TDAH probablemente esto pase porque su atención se desvío, pero en el autismo podría estar relacionado con las diferentes maneras en las que se procesa la información o la interacción social. Por eso no basta con observar una conducta aislada para saber qué está sucediendo.
La importancia de un diagnóstico de TDAH y Autismo certero
No se trata de ponerle nombre a lo que le pasa al niño, sino que el diagnóstico permite comprender por qué tiene ciertas dificultades, qué necesidades tiene y qué apoyos pueden ayudarlo. A veces los papás pueden evitar nombrar una condición por miedo a que su hijo sea etiquetado, sin embargo, esto no protege al niño. Cuando la escuela, otros adultos o compañeros no entienden por qué se comunica, se relaciona o reacciona de determinada manera, pueden aparecer etiquetas más dañinas como: «es raro», «es problemático», «es maleducado» o «no se adapta». Conocer lo que sucede permite dejar de interpretar una dificultad como una característica negativa de su personalidad.
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También importa lo que los niños y sus papás entienden acerca del diagnóstico. Si se presentan constantemente como si fueran un mismo paquete, puede generarse confusión: pensar que un niño con TDAH tiene características de autismo que no presenta, o que un niño con autismo necesariamente tiene TDAH. Entender las diferencias entre autismo y TDAH ayuda a que familias y niños comprendan mejor qué sucede y qué necesitan.
Un diagnóstico no define a un niño; es información que ayuda a comprender una parte de su funcionamiento. La inclusión no consiste en borrar las diferencias para que todos quepan bajo una misma palabra, sino en reconocerlas, comprenderlas y ofrecer a cada persona lo que necesita. El TDAH y autismo pueden coexistir, pero comprenderlos empieza por saber diferenciarlos.
