Entonces, ¿los niños que crecen con sus abuelos realmente son más felices? La respuesta corta es: pueden tener ciertas ventajas, siempre que exista un vínculo cercano, seguro y respetuoso.
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Más que cuidarlos, los abuelos pueden darles seguridad
Un estudio publicado en 2025 en Frontiers in Psychology encontró que recibir apoyo de los abuelos durante la infancia se relacionaba con mayor bienestar emocional al llegar a la adultez joven.
Este efecto se mantenía incluso cuando los investigadores consideraban la cercanía de los participantes con sus cuidadores principales.
¿Por qué puede ocurrir? Porque un abuelo presente puede convertirse en otra persona de confianza. Alguien que escucha, acompaña y recuerda constantemente: “aquí tienes un lugar”.
Además, los abuelos suelen transmitir historias, costumbres y recuerdos familiares. Eso ayuda a tu hijo a entender de dónde viene y a construir un sentido de pertenencia.
Su compañía puede protegerlos en momentos difíciles
La presencia de los abuelos puede ser especialmente valiosa cuando una familia atraviesa cambios, pérdidas o conflictos.
Una investigación longitudinal basada en más de 10 mil niños encontró beneficios entre quienes vivían situaciones adversas. A los tres años, el cuidado de los abuelos se relacionó con más conductas prosociales y menos problemas de comportamiento externo.
En otras palabras, ese vínculo puede funcionar como una red emocional adicional. No sustituye tu relación con tu hijo, pero sí puede sumar estabilidad.
Los abuelos no garantizan la felicidad
La ciencia tampoco asegura al 100% que todos los niños cuidados por sus abuelos sean automáticamente más felices. Una revisión de 38 estudios, publicada en 2024 en Journal of Child Psychology and Psychiatry, encontró resultados menos favorables en algunos niños bajo cuidado de sus abuelos. Los autores señalaron que influyen el contexto familiar, las razones del cuidado y la calidad de la relación.
No es igual pasar las tardes con una abuela disponible y cariñosa que quedar bajo su cuidado por una crisis familiar. Tampoco ayuda cuando los adultos discuten constantemente por límites, comida o disciplina.
Por eso, la clave no está en cuántas horas pasan juntos. Importa cómo se sienten durante ese tiempo. Si existe cariño, respeto y acuerdos básicos entre adultos, los abuelos pueden darle a tu hijo algo enorme: más personas con quienes sentirse querido, escuchado y acompañado.
