Amamantar, el mejor estímulo facial
Durante la lactancia, el bebé realiza un complejo patrón de succión. En este proceso participan la lengua, los labios, las mejillas, la mandíbula y los músculos del piso de la boca.
“El esfuerzo que hace el bebé en cada succión genera un estímulo biomecánico que favorece el crecimiento adecuado del maxilar superior, la mandíbula y el paladar. También prepara a tu bebé para funciones esenciales como la respiración nasal, la masticación, la deglución y el habla”, puntualiza Limón de la Cruz.
También lee: El ABC de la lactancia materna
Por su parte, el neonatólogo y pediatra Javier Sánchez Nava explica que la lactancia requiere una mayor actividad muscular que la alimentación con biberón. “La extracción de leche del pecho por parte del recién nacido requiere un mejor acoplamiento entre la boca del bebé y el pezón. Esto promueve un desarrollo craneofacial más armónico”, señala.
Los expertos coinciden en que la lactancia actúa como un estímulo funcional temprano para el crecimiento de los huesos faciales. Así, los movimientos repetitivos de la lengua y la mandíbula favorecen el desarrollo de los maxilares. También ayudan a mantener una correcta relación entre ambas arcadas dentarias y disminuyen el riesgo de algunas maloclusiones durante la infancia.
Estos factores también modifican la apariencia facial
El desarrollo craneofacial también depende de factores genéticos y de otros hábitos orales. Por lo que la lactancia es un factor protector importante, aunque no el único.
Estas acciones modifican el desarrollo facial:
- Uso del chupón, especialmente después de los 2 años.
- Succión del dedo sin importar cuál dedo sea.
- Empuje lingual es el hábito en el que la lengua empuja hacia adelante. O se interpone entre los dientes al tragar, hablar o estar en reposo.
- Morder objetos. Como lápices, juguetes, peluches o la esquina de la cobijita.
- Bruxismo o rechinar los dientes.
- Respirar por la boca.
La OMS y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) recomiendan iniciar la lactancia durante la primera hora de vida y mantenerla de forma exclusiva durante los primeros seis meses. No obstante, menos de la mitad de los lactantes reciben este beneficio: solo el 48% de los bebés menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva en el mundo.
¿Qué condiciones no permiten al niño lactar?
Existen diversas condiciones que “no permiten a un recién nacido tomar leche del seno materno. Sin embargo, para lograrlo se requiere de un equipo multidisciplinario que brinde un tratamiento integral que permita al niño alimentarse correctamente”, indica el pediatra Javier Sánchez Nava, presidente del Colegio de Pediatras de la ciudad de México.
Entre las condiciones que no permiten amamantar están:
- Labio y/o paladar hendido: El bebé puede tener dificultades para sellar adecuadamente el pecho o le constará trabajo generar la presión de succión necesaria para extraer la leche. Para ellos existen técnicas especiales o dispositivos de alimentación.
- Anquiloglosia (frenillo lingual corto): Un frenillo demasiado corto limita el movimiento de la lengua, ello dificulta el agarre, la succión eficaz e incluso la deglución de la leche. También puede provocar dolor en la madre y una alimentación insuficiente del bebé.
- Micrognatia o retrognatia mandibular (mandíbula pequeña o retraída): Esta condición es propia de algunos síndromes congénitos, la alteración dificulta que el recién nacido coloque correctamente la lengua y la mandíbula para lograr una succión efectiva.
- Trastornos neurológicos o neuromusculares (como la parálisis cerebral o algunas enfermedades genéticas): Estas condiciones pueden afectar la coordinación entre succión, deglución y respiración, lo que hace necesaria una evaluación especializada y, en algunos casos, estrategias de alimentación alternativas.
“Si notas que tu bebé no puede succionar adecuadamente tu pecho, llora en cada toma o no gana peso, acude con el pediatra para revisar que no tenga alguna condición que le impida lactar. Recuerda que hay grupos de expertos como asesoras en lactancia, neonatólogos, cirujanos maxilofaciales e incluso neurólogos que pueden ayudar a mejorar la lactancia en casa”, concluye el pediatra Javier Sánchez Nava.
