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Más allá del color: El impacto de los colorantes en la comida
El 64% de los estudios realizados a los colorantes en la comida, revelan que estos tienen relación con alteraciones en la conducta, en la atención y en el control en los impulsos de los niños. Ya que el cuerpo humano no los reconoce como alimento y por ende, no se absorben en el intestino. Provocando que lleguen intactos al colón, en donde está nuestra microbiota. Al intentar procesarlos, las bacterias producen radicales libres que generan inflamación y reducen los antioxidantes naturales del cuerpo.
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Esta reacción en cadena, conocida como estrés oxidativo, altera neurotransmisores clave como la dopamina y la serotonina. Cuando las defensas del cuerpo se saturan por la presencia constante de colorantes en la comida, combinados con ultraprocesados o uso de antibióticos, la inflamación puede llegar hasta el cerebro. Clínicamente, esto no siempre se ve de inmediato. Pero puede verse cuando tu hijo está más irritable de lo normal, llora por todo o no logra concentrarse.
¿Por qué no todos los niños reaccionan igual?
Una realidad es que cada organismo es único. Algunos niños tienen variantes genéticas que los hacen más sensibles a la histamina y a la dopamina. Así que para un crío que tiene esta predisposición, el consumo frecuente de colorantes funciona como el «empujoncito» que detona problemas de conducta o acentúa síntomas de hiperactividad.
A nivel internacional, la alerta ya es oficial. Un estudio publicado en The Lancet relacionó la mezcla de colorantes sintéticos con la hiperactividad infantil. Por ello, la Unión Europea pidió colocar etiquetas de advertencia en empaques, mientras que en estados como California, prohibirán seis colorantes sintéticos en escuelas públicas a partir de 2027.
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¿Cómo proteger a tu crío desde hoy?
En México, la regulación aún es deficiente, especialmente en medicamentos como jarabes infantiles en los que ni siquiera se exige especificar qué tipo de excipientes tienen. Así que si quieres blindar la salud de tu hijo sin esperar a que la ley cambie, aplica estos cinco pasos:
- Usa tus sentidos: Si el jarabe es rojo, azul, morado amarillo brillante, tiene colorante sintético. El color natural de un medicamento nunca es tan brillante. La naturaleza no hace colores brillantes.
- Lee la etiqueta: Si dice «FD&C Red 40», «tartrazina», «Yellow No. 5» o un número E de tres dígitos, es colorante sintético. Si no dice nada sobre los excipientes, eso también es información.
- Pregunta al pediatra: ¿Existe una versión de este medicamento libre de colorantes? En muchos casos existe. Si la respuesta es que no pueden decirte qué colorantes contiene por compliance o propiedad intelectual, eso ya es tu respuesta.
- Pregunta a la farmacéutica: ¿Qué colorante tiene el excipiente? Si la respuesta es que no pueden decirte qué colorantes contiene por compliance o propiedad intelectual, eso ya es tu respuesta.
- Busca el sello: Libre de colorantes artificiales o colorantes naturales o físicamente sin color, como criterio de selección. Ya existen alternativas en el mercado para los medicamentos más comunes.
