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¿Cómo usar el futbol para educar niños menos «frágiles»?

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Tu hijo está viendo el Mundial, el árbitro marca un penal que considera injusto y hace berrinche. O peor: ve […]

Tolerancia a la frustración

Tu hijo está viendo el Mundial, el árbitro marca un penal que considera injusto y hace berrinche. O peor: ve a su jugador favorito reclamar, insultar o tirarse al piso fingiendo una falta y decide copiarle. Lo que muchos papás no saben es que el futbol es uno de los mejores laboratorios emocionales para trabajar la tolerancia a la frustración en niños.

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¿Cómo usar el futbol para educar niños menos «frágiles»?

El futbol le puede enseñar a tu hijo habilidades que le servirán toda la vida: autocontrol, resiliencia, trabajo en equipo y el manejo del fracaso. Porque la vida funciona más como un Mundial, que como una película de Disney: no siempre gana el mejor, no siempre es justo y no siempre se puede obtener  lo que uno quiere.

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Así ayuda el futbol a manejar la tolerancia a la frustración 

La derrota enseña más que la victoria 

Cuando un niño gana, celebra. Cuando pierde, aprende. Y el Mundial está lleno de este tipo de ejemplos: equipos favoritos quedan eliminados, jugadores estrella fallan penales y selecciones que parecían invencibles terminan regresando a casa antes de lo planeado. Como papás hay que entender que lo importante no es evitar que los niños se sientan mal, sino enseñarles a desarrollar la tolerancia a la frustración aun cuando las cosas no salen como ellos quieren.

Por ejemplo, si su equipo favorito queda eliminado y tu crío empieza a llorar, no le digas: «No pasa nada, es solo futbol». Mejor dile: «Entiendo que estés triste. Tu querías que ganaran. ¿Qué crees que podrían hacer mejor para la próxima? «. Así aprende que sentirse frustrado es normal y temporal.

El árbitro es una lección de injusticia 

Los niños suelen tener una idea muy rígida de la justicia, pero el fútbol les muestra algo incómodo: a veces el árbitro se equivoca y la vida también. Si tu hijo grita: «¡El arbitro nos robó!». Puedes responder: «Tal vez se equivocó, ¿qué opciones tiene el equipo ahora? ¿Seguir jugando o quedarse quejándose?». Puede parecer simple, pero es una lección valiosa porque en el futuro también tendrán maestros injustos, jefes difíciles, clientes complicados o situaciones fuera de su control.

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Equivocarse no es fracasar 

Muchos niños desarrollan el miedo al error porque vivimos en una cultura en la que todo debe de salir perfecto, pero el futbol demuestra lo contrario: hasta los mejores fallan.

  • Lionel Messi ha fallado penales importantes.
  • Cristiano Ronaldo ha perdido en las finales.
  • Harry Kane ha fallado en ocasiones decisivas y aún así sigue compitiendo.

Si tu hijo juega futbol y falla un gol, no lo regañes. Mejor intenta diciéndole: «¿Qué aprendiste con esta jugada?». Ya que el cerebro resiliente busca aprendizaje, el frágil busca culpables.

No todos los modelos del futbol son buenos 

El Mundial también sirve para enseñar pensamiento crítico, debido a que no todo lo que hacen los futbolistas merece ser copiado. Por ejemplo, si un jugador se tira fingiendo una falta, puedes preguntarle: «¿Eso fue honestidad o trampa?». Los niños aprenden mucho más observando comportamientos que escuchando sermones.

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La resiliencia se construye viendo cómo alguien se levanta 

Los momentos más inspiradores del deporte no son los goles, son los regresos. Ese jugador que falla un penal y vuelve a intentarlo. Ese equipo que pierde dos partidos y aún así compite hasta el final. El portero que comete un error y sigue jugando. Así que cuando vean un partido no preguntes: «¿quién ganó?», mejor pregunta: «¿quién mostró más carácter?». Eso cambia completamente el foco de la conversación.

El valor no depende del resultado  

Muchos niños terminan creyendo que si ganan son buenos y si pierden, son malos. Pero el futbol ayuda a romper esa asociación. Lo importante es jugar con esfuerzo, ayudar a los demás y seguir intentando.

Ahora cuando tu hijo vea un partido y algo salga mal, evita resolver la emoción por él. No minimices lo que siente ni le des inmediatamente una explicación, mejor pregúntale: qué sentiste, por qué te enojó, qué harías tú en esa situación o qué aprendiste de ese jugador. Porque el objetivo no es criar niños que nunca se molesten por perder, sino crear una verdadera tolerancia a la frustración.

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