La infancia se ha mudado al interior de las casas. De hecho, los niños de entre 8 y 12 años pasan en promedio entre 5 y 6 horas diarias frente a pantallas para entretenerse, sin contar el tiempo en la escuela. En los adolescentes, la cifra supera las 8 horas al día, según la American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.
Mientras tanto, el tiempo al aire libre sigue disminuyendo.
La generación que perdió el juego «de la calle»
El problema no es que los niños usen tecnología. El problema es lo que están dejando de hacer.
Diferentes estudios han encontrado que los padres recuerdan haber pasado muchas más horas jugando al aire libre que sus hijos. Una investigación realizada en Reino Unido encontró que la generación actual juega aproximadamente ocho horas menos por semana en exteriores que sus padres cuando tenían la misma edad.
Además, menos de uno de cada tres niños juega afuera todos los días. No parece mucho, pero esas horas representan oportunidades para correr, inventar juegos, resolver conflictos y desarrollar autonomía.
Ya no faltan ganas de jugar, faltan espacios
La reducción del juego al aire libre no tiene una sola causa.
Por un lado, las pantallas ocupan cada vez más tiempo. Por otro, las ciudades han cambiado. Hoy más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas, donde los espacios verdes suelen ser limitados.
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Hace 50 años, era común que los niños caminaran solos a la escuela o visitaran a sus amigos sin supervisión constante. Actualmente, ese nivel de independencia es cada vez menos frecuente. Como resultado, muchos niños pasan gran parte de su tiempo libre dentro de casa, incluso cuando tienen ganas de salir.
Lo que pierden cuando no juegan afuera
Cuando un niño juega al aire libre no solo hace ejercicio. También aprende a tomar decisiones, asumir pequeños riesgos, negociar reglas y relacionarse con otros niños sin que un adulto intervenga a cada momento.
Además, la actividad física al aire libre se asocia con una mejor salud cardiovascular, mejor calidad del sueño y menores niveles de estrés. Por eso, muchos expertos consideran que el juego libre es una necesidad del desarrollo infantil y no simplemente una forma de entretenimiento.
Recuperar la infancia no tiene que ser complicado
No necesitas vivir junto a un parque enorme ni organizar actividades especiales cada semana. A veces basta con caminar más, visitar áreas verdes cercanas o reservar momentos en los que tu hijo pueda jugar libremente sin una agenda definida. Porque el verdadero problema no es que los niños tengan pantallas.
Es que cada vez tienen menos oportunidades de vivir experiencias que antes formaban parte natural de la infancia.
