¿Tu hijo fue excluido? Escucharlo decir que nadie quiso jugar con él duele y, muchas veces, duele más a ti que a ellos. Es común que lo primero que quieres hacer es protegerlo, defenderlo y enojarte con esos niños que no quieren compartir tiempo con tu hijo.
Pero antes de reaccionar, vale la pena preguntarse qué es lo que realmente le ayuda en ese momento y cómo acompañarlos en su sentimiento.
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El amor nos hace reaccionar de más
A veces, reaccionamos desde el amor de formas que no necesariamente ayudan. Minimizar lo que sienten con frases como «no pasa nada» puede hacerle sentir que lo que está viviendo no es importante.
También es muy común querer sobreproteger y querer resolver todo por los críos, como decir «voy a hablar con la mamá», pero eso le quita la oportunidad de aprender a manejar ese tipo de situaciones que serán muy comunes más adelante.
Hablar mal de los otros niños o empezar a buscas culpables con preguntas como «¿y tú qué hiciste?» tampoco le ayudarán. En lugar de acercarlo, puede hacer que se sienta más solo o incluso que prefiera no contarte lo que le pasa.
Entonces… ¿Qué si ayuda?
Validar lo que siente con frases como «sé que debes sentirte triste» le ayuda a entender que sus emociones son importantes.
Vale mucho más escucharlo y no bombardearlo de mil preguntas, eso le da espacio para expresarse a su ritmo. Es clave mantener la calma, aunque por dentro estés explotando de enojo, pero tú reacción se convierte en su guía emocional.
Cuando la emoción de ambos haya bajado, pueden pensar juntos en qué hacer la próxima vez o cómo enfrentarlo de otra manera.
Y es que, aunque quisiéramos no podemos evitar que nuestros hijos pasen por momentos de rechazo. Es parte de crecer, de aprender a relacionarse y de construir su propia identidad.
No le quites o busques una solución a todos sus problemas, mejor asegura que tu crío sepa que siempre tiene un espacio seguro contigo. Un lugar en donde puede contar cómo se siente y que sepa no está solito.
