Te puede interesar: Cosas del embarazo que sí dependen del papá
El bajón del primer año
A diferencia de muchas mamás, que están emocionalmente más vulnerables después del nacimiento del crío, los papás sufren de un tipo efecto retardado. Ya que durante los primeros meses de vida del bebé, suelen entrar en un estado de enfoque total: en cómo cuidar de la mamá y del recién nacido. Sin embargo, cuando llega el primer cumpleaños del bebé, cuando en teoría «lo peor» debería de haber pasado, llega la depresión.
Y existen tres factores clave que la hacen aun más potente:
1. Caída de testosterona y aumento de prolactina: Los hombres que se involucran activamente en la crianza de sus hijos, experimentan una disminución en sus niveles de testosterona y un aumento de prolactina junto con oxitocina. Lo que les ayuda a ser más empáticos y prestar más atención al cuidado del bebé. Pero eso no quita que al haber una caída significativa de testosterona, no entren en depresión, tengan poca energía y pierdan el libido.
2. El fin del efecto «adrenalina»: Al llegar al año (cuando el bebé se vuelve un poco más independiente), el sistema nervioso del papá por fin se relaja y es ahí cuando sale todo el cansancio acumulado.
3. Crisis de identidad: Después de los 12 meses, a muchos papás les cae el veinte de que ya nada es como antes. Aparece toda una mezcla de sentimientos encontrados debido a que llegan a sentir que perdieron su libertad, que ya nada es lo mismo de antes.
También lee: No subir fotos de tu hijo: El nuevo dilema de los papás
Señales que no parecen depresión paterna (pero lo son)
Irritabilidad extrema: Esta es una de las maneras más comunes en las que se presenta la depresión paterna, ya que los hombres se encuentran más acostumbrados a conectar desde el enojo con lo que sienten. Por ejemplo, pueden sobre reaccionar a cosas pequeñas para liberar un poco de lo mucho que sienten.
Aislamiento: No tocar el tema, también es depresión. Algunos papás suelen refugiarse en el exceso de trabajo, en el celular o hasta jugando videojuegos con tal de evitar convivir con su familia.
Exclusión: Aunque a veces no haya razón aparente para sentirse así, algunos papás viven la depresión paterna sintiéndose excluidos, pensando que solamente son un espectador más entre el vínculo mamá e hijo.
Te puede interesar: Quiet parenting: La manera de poner límites sin gritos
¿Por qué no se debe dejar pasar?
Vivimos en una sociedad en la que estamos acostumbrados a minimizar las emociones, pero darse cuenta a tiempo es fundamental por estas tres razones:
- Impacto en el neurodesarrollo del bebé: La ciencia ha demostrado que los bebés que tienen papás que están atravesando por una depresión no tratada, pueden presentar niveles mucho más altos de cortisol. Sí, esa hormona que regula el estrés. Y justo a esas edad, su cerebro se encuentra en una fase crítica de aprendizaje social. Así que si tiene un papá ausente o irritable, el niño puede perder estímulos que son clave para su desarrollo.
- Problemas en pareja: Las parejas son un equipo y, por ende, lo que siente uno le afecta al otro. Por eso cuando el papá sufre de depresión paterna y empieza a retirarse emocionalmente, genera que las responsabilidades dentro de la pareja se desproporcionen.
- Romper el ciclo: Históricamente, los hombres han sido educados para no expresar su vulnerabilidad. Y atender la depresión paterna hoy es un acto de responsabilidad que rompe con este tipo de ciclos. Ya que un papá que busca ayuda, le está enseñando a su hijo a cuidar de su salud mental.
