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¿Cómo proteger las emociones de los niños en tiempos de crisis?
La infancia necesita certezas, incluso cuando los adultos no lo tengamos claro.
1. Preguntar y escuchar: su bienestar emocional importa
Antes de explicarles qué está pasando en el mundo, pregúntales qué es lo que saben y, sobre todo, qué sienten. Muchas veces construyen sus propias versiones con pedacitos de información que escucharon en la tele, en la escuela o en conversaciones de adultos.
Haz preguntas abiertas tipo:
“¿Qué has escuchado?”
“¿Eso te preocupa?”
Así creas un espacio en el que se puede corregir información inexacta y puedes cuidar de ellos bajando su ansiedad. De acuerdo con especialistas en desarrollo infantil, cuando un niño puede nombrar lo que siente, su cerebro empieza a regular mejor esa emoción. Por esto validar es clave, decir “Entiendo que eso te asuste” es mucho más poderoso que “no pasa nada”.
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2. Proteger también es poner límites en tiempos difíciles
La verdad es que los críos no necesitan estar expuestos 24/7 a noticieros, redes sociales o videos que exageran todo. El exceso de información solo ayuda a aumentar la sensación de peligro constante. Por eso cuando están los más pequeños, lo ideal es apagar la tele cuando las noticias son intensas. Mientras que con los más grandes, pueden ver algo juntos y explicarlo después. No se trata de taparles la realidad, sino de filtrar la información que les llega.
Y ojo: hoy existe mucho contenido generado con inteligencia artificial y las fake news circulan rapidísimo. Verifica siempre las fuentes antes de compartir algo frente a ellos porque esto también es una manera de proteger.
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3. Cada etapa necesita sus palabras
No es lo mismo hablar con un niño de 5 años que con uno de 12. Así que trata de ajustar el lenguaje a su edad y observa cómo reacciona. Si notas ansiedad o preocupación lo mejor es regresar a lo básico: cuidar a través de la seguridad. Decir cosas como:
“Hay adultos trabajando para resolver esto.”
“En esta casa estás seguro.”
Pueden darle un poco de paz y está bien no tener todas las respuestas. Decir “no lo sé, pero lo podemos investigar” también enseña calma y pensamiento crítico.
4. La rutina crea seguridad emocional
Cuando las cosas salen mal, la rutinas se vuelven anclas emocionales. Comer a la misma hora, respetar los horarios de sueño y mantener espacios hasta para jugar les devuelve la sensación de control. Jugar no es una manera de evadir la realidad, sino de procesar lo que se está viviendo. Dibujar, inventar historias o simplemente correr en el parque ayuda a que liberen la tensión.
Saber cómo proteger las emociones de los niños en tiempos de crisis no es blindarlos del mundo, sino ayudarlos a fortalecer su seguridad emocional. Porque aunque no tengamos el control sobre lo que pasa afuera, sí podemos construir un lugar estable para ellos.
