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El peso de querer ser el papá perfecto

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La idea de ser el papá perfecto puede convertirse en una presión constante. Hablar de esta exigencia ayuda a entender que criar no es hacerlo todo bien, sino hacerlo con amor y conciencia.

Hoy en día parece que ser papá significa hacerlo todo bien: estar siempre disponible, no equivocarse, tener paciencia infinita y tomar las mejores decisiones todo el tiempo. Las redes sociales, los libros y las opiniones externas alimentan la idea de que existe una forma correcta de criar.

Pero detrás de ese ideal aparece una carga emocional: la presión de no fallar. El peso de querer ser el papá perfecto puede transformarse en culpa, ansiedad y miedo constante a equivocarse.

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Cuando la crianza se vuelve una exigencia

Muchos padres viven con la sensación de que nunca hacen suficiente, si trabajan sienten que no están presentes y cuando sí están presentes sienten que no proveen lo suficiente.

Llega un momento en el que la crianza deja de ser un espacio de disfrute y se convierte en un lugar donde todo se evalúa: cómo hablas, cómo pones límites, cuánto tiempo das, si te enojas o si te cansas. Esto ocurre cuando el amor se mezcla con la autoexigencia.

La culpa constante 

Querer ser perfecto suele ir de la mano de la culpa: por perder la paciencia, por no tener tiempo, por cansarse o por no disfrutar cada momento como “debería”. Esta culpa no solo pesa en los adultos, también se filtra hacia los hijos.

Los niños perciben cuando un adulto vive bajo presión y miedo a equivocarse.

El mensaje que reciben los hijos

Cuando un papá se exige ser perfecto, sin darse cuenta enseña que equivocarse no está permitido. Los errores se viven como fracasos y no como oportunidad de aprendizaje.

Los críos no necesitan papás perfectos, necesitan momentos reales en los que se equivoquen, que sepan pedir perdón, que aprendan y que muestren que el amor no depende de hacerlo siempre todo bien.

Soltar la perfección no es soltar el amor

Aceptarse que no existe el papá perfecto no significa dejar de intentar hacerlo mejor. Significa cambiar el enfoque que le estas dando a la crianza y pasar de la perfección al verdadero vínculo con tus críos.

Criar desde lo que sientes implica reconocer límites, emociones y cansancio. Implica entender que amar también es aprender a fallar para volver a intentarlo.

Criar desde la presencia y no desde la exigencia

Un papá presente no es el que nunca se equivoca, sino el que está disponible emocionalmente. Aquel que está para escuchar, acompañar y que se hace responsable cuando falla.

La seguridad emocional de los hijos no se construye con perfección, sino con conexión. Saber que pueden contar contigo sin miedo a que puedan fallar.

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