El eje del lenguaje y la comunicación
Desde el primer día, los bebés ya están programados para reconocer voces y ritmos al hablar. Cuando les hablas o dejas que escuchen los sonidos de la casa, estás ayudando a que su cerebro creé conexiones neuronales. Estas conexiones son las que más tarde les permitirán entender lo que escuchan y expresarse con claridad.
Lee: Cómo proteger la salud auditiva de tus hijos
Sincronización de los sistemas sensoriales
El oído no trabaja solo. Se alimenta de la vista, el olfato, el tacto y hasta el gusto, para que el niño entienda su entorno de forma completa, y también retroalimenta a los demás sentidos. De esta manera, un adecuado desarrollo de la audición favorece la integración sensorial, facilitando que el niño interactúe de forma más eficaz con el mundo que lo rodea.
Capacidades cognitivas
Los estímulos sonoros presentes en el entorno infantil no solo inciden en el desarrollo del habla y la comprensión del lenguaje, sino que también cumplen un rol clave en el procesamiento de la información. Si un niño escucha bien, su pensamiento crítico y su capacidad para resolver problemas también se ven beneficiados.
La música como herramienta de educación auditiva
La música no es solo entretenimiento; es un “gimnasio” para el cerebro auditivo. Al escuchar canciones o ritmos:
- Se mejora la memoria: Aprender letras y ritmos ayuda a retener información de forma divertida.
- Discriminación auditiva: El niño aprende a distinguir entre sonidos agudos, graves, fuertes o suaves, lo cual es clave para entender las sutilezas del lenguaje hablado.
- Coordinación: Bailar o seguir el ritmo con las manos ayuda a conectar lo que oyen con el movimiento de su cuerpo.
Desempeño académico y la integración social
Es importante señalar que un desarrollo auditivo insuficiente durante la primera infancia puede repercutir de manera negativa en el rendimiento escolar y en la socialización futura. Los niños con dificultades para escuchar y procesar el lenguaje suelen enfrentar obstáculos en el ámbito educativo, como problemas de comprensión en el aula y limitaciones para vincularse con sus pares. La audición es el primer vínculo emocional de un bebé. Escuchar la voz de mamá o papá les brinda una sensación de seguridad y calma. Un niño que escucha bien puede captar la intención y el afecto en el tono de voz de los demás, lo que le permite desarrollar empatía y sentirse integrado emocionalmente en su familia y comunidad.
Aquí es importante mencionar el rol del maestro. En el kínder, los maestros son los ojos y oídos expertos. Ellos pueden notar si un niño se distrae mucho en clase, si no sigue instrucciones grupales o si se aísla de sus compañeros, lo que podría ser una señal de que no está escuchando bien.
Métodos y dinámicas para la estimulación auditiva
Hay que pensar siempre en juegos que usen la audición, y otras formas de estimular auditivamente a los niños, como por ejemplo:
- «¿Qué suena?»: Cierra los ojos y trata de adivinar qué objeto hace ruido (unas llaves, papel arrugado, una campana).
- Cuentos con efectos: Lee un cuento y haz sonidos para relacionar cada acción (viento, pasos, animales).
- Sigue el ritmo: Usa botes de cocina como tambores y pide que el niño repita un ritmo sencillo que tú hagas.
Detección oportuna de dificultades auditivas
Un desarrollo auditivo que no va por buen camino puede traer problemas en las notas del colegio o dificultad para hacer amigos. Por eso, revisar la audición a tiempo es vital. Si detectamos cualquier problema temprano, podemos actuar rápido y cambiar el futuro del niño.
Por eso, a todos los niños que nacen debe de practicárseles el tamiz auditivo neonatal, y durante su desarrollo hay que recordar que los niños pequeños que tienen dificultades auditivas no se van a dar cuenta que escuchan menos que los demás, ni están en edad de manifestarlo. Debemos estar pendiente de los signos de alarma que serían dificultad para prestar atención en clase, que no estén aprendiendo a hablar al mismo ritmo que sus compañeros, que parezcan comprender lo que se les dice, pero no estén aprendiendo a hablar, y hasta problemas de comportamiento en clase. Cualquiera de esos datos son motivo de realizar una evaluación auditiva.
La detección precoz de la pérdida auditiva u otros trastornos permite implementar intervenciones oportunas y eficaces, reduciendo su impacto en el desarrollo infantil y fortaleciendo las perspectivas futuras del niño.
