De forma general, la mejor edad para congelar óvulos es antes de los 35 años, idealmente entre los 25 y 34 años. En ese rango, los óvulos suelen tener mejor calidad y mayor probabilidad de lograr un embarazo en el futuro.
Aun así, esto no significa que después ya no valga la pena. Solo cambia el pronóstico.
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Por qué la edad marca la diferencia
Con el paso del tiempo, la cantidad y calidad de los óvulos disminuye. Es un proceso natural y no depende de qué tan sana te sientas. A partir de los 35 años, esta disminución se acelera. Después de los 38, suele ser más difícil obtener óvulos viables en un solo ciclo. Por eso, congelarlos antes ofrece mejores resultados a largo plazo.
Además, los óvulos jóvenes tienen menos riesgo de alteraciones genéticas. Esto aumenta las probabilidades de embarazo y reduce el riesgo de aborto.
¿Y si tienes más de 35 años?
Congelar óvulos después de los 35 sigue siendo posible. Muchas mujeres lo hacen entre los 36 y 40 años. Sin embargo, suele requerir más ciclos y el costo puede aumentar.
A partir de los 40, los especialistas suelen ser más cautelosos. Las tasas de éxito bajan de forma importante y es clave tener expectativas realistas.
Por eso, lo ideal es hablar con un especialista en fertilidad cuanto antes, aunque solo sea para informarte.
Factores que también debes considerar
La edad no es lo único que cuenta. También influyen:
- Tu reserva ovárica
- Tu historial médico
- Si tienes endometriosis u otros padecimientos
- Tus planes reales de maternidad
- El acceso económico al tratamiento
No es una decisión solo biológica, también es personal y emocional.
Si hoy tienes menos de 35 años y sabes que no buscarás embarazo pronto, este es el mejor momento para informarte. No significa que tengas que hacerlo ya, pero sí entender tus opciones.
Si tienes más de 35, no es tarde, pero no conviene postergarlo. Entre más esperes, menos margen tendrás.
