Durante las vacaciones, los adolescentes necesitan menos rigidez, pero no ausencia total de estructura. Tener horarios aproximados para dormir, comer o compartir tiempo en familia funciona como un ancla que da estabilidad emocional, incluso cuando no lo reconocen.
Libertad sin abandono
Además de tiempo libre, necesitan conexión. Espacios para estar con amigos son importantes, pero también lo es saber que hay adultos disponibles, atentos y presentes. La libertad sin contención puede sentirse más como abandono que como confianza.
Los límites claros no arruinan las vacaciones. Al contrario, reducen ansiedad y dan un marco seguro para moverse. Saber qué se espera de ellos y hasta dónde pueden llegar les permite relajarse más.
Las vacaciones también son un buen momento para observar. Cambios extremos en el sueño, aislamiento prolongado o irritabilidad constante no deben normalizarse solo porque “no hay escuela”. Estar disponibles y mirar con atención sigue siendo parte del cuidado.
Fuentes: American Academy of Child & Adolescent Psychiatry; UNICEF; Harvard Center on the Developing Child.
