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¿Que tu hijo te haga caso a la primera es bueno?: Crianza autoritaria

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¿Tu hijo no te hace caso a la primera? Puede ser una buena señal. Descubre por qué anticipar es clave en una crianza con respeto y conexión.

caso a la primera
¿Cuántas veces has escuchado esta frase que parece una canción de los años 90?: “Con solo una mirada, sin tenerles que decir nada, mis hijos sabían qué es lo que tenían que hacer”. Puedes estar cayendo en crianza autoritaria.

Podría sonar atractivo, y hasta cómodo, para cualquier padre que los hijos hagan caso a la primera, que con la mirada se cuadren y no sea necesario pasar por momentos incómodos para educarlos. Pero ¿qué hay detrás de esto?

Detrás de esta obediencia automática hay miedo: miedo a ser regañados, castigados, ignorados, humillados, miedo a equivocarse o a expresar lo que sienten.

Se trata de la crianza autoritaria

Este tipo de crianza autoritaria, en donde aún podemos escuchar frases como: “Aquí se hace lo que yo digo”, refuerza una relación de poder unilateral. O la clásica: “Sigue llorando y te voy a dar una razón para que lo hagas”, que invalida la emoción del niño y genera miedo a sentir.

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Esto forma niños que aprenden a callar antes de preguntar, apagando así su curiosidad, a agachar la cabeza antes de atreverse a explicar o aprender a tomar decisiones; a obedecer sin comprender y a desconectarse de sus emociones para complacer. Todo esto limita su capacidad de poner límites sanos cuando sean mayores. ¿Te das cuenta del costo emocional y cognitivo que esto conlleva?

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No se trata de juzgar, sino de aprender otras maneras de acompañarlos en la crianza, gracias a lo que hoy en día entendemos del cerebro del niño y del desarrollo emocional.

La crianza no siempre es cómoda, rápida ni perfecta

Es importante dejar de buscar que “hagan caso a la primera” y entender que educar sin miedo toma más tiempo, pero desarrolla raíces más sanas. El respeto no se exige con miedo, se construye con vínculo y conexión. El objetivo no es que los hijos obedezcan a la primera sin pensar, sino que decidan con sentido.

Claro que hay momentos en que necesitamos respuestas rápidas por seguridad o respeto mutuo. Aun así, en esos casos es distinto que lo hagan porque confían en ti, a que lo hagan porque temen tu reacción.

Lee también: Reglas para lograr una crianza en equipo

¿Sabías que el que tu hijo no te haga caso de inmediato puede ser una señal de desarrollo saludable? Que no lo haga indica que está procesando lo que le pediste y evaluando si le hace sentido. Está aprendiendo que tiene voz, que puede elegir, preguntar o negociar. Puede también que no te haga caso a la primera porque necesita sentirse visto antes de poder cooperar. Un abrazo, una mirada, una pregunta amable pueden hacer más que mil órdenes.

La clave para que tu hijo te haga caso sin caer en crianza autoritaria

En el cerebro de tu hijo, la corteza prefrontal (que está justo detrás de la frente), encargada de planear, anticipar y gestionar emociones, está aún en desarrollo. Por eso, cambiar de actividad, dejar de jugar o simplemente moverse de un lugar a otro no siempre es tan fácil como parece. Anticipar le da seguridad, le permite prepararse, reduce los berrinches, refuerza el vínculo, le enseña a gestionar el cambio y ejercita poco a poco esta región del cerebro, que necesita mucho tiempo y práctica para madurar.

¿Te gustaría que tu pareja te apagara la televisión cuando faltan dos minutos para que termine tu serie y te dijera “lávate los dientes y ponte la pijama”? ¿O que te cerrara la computadora justo cuando estás por mandar un correo importante y te dijera “ya es hora de comer”? Los niños merecen el mismo respeto que los adultos, y a veces, esperar dos o cinco minutos puede evitar un conflicto muy incómodo para toda la familia. Así que también te toca a ti elegir tus batallas.

Cuando anticipamos con frases como “en cinco minutos guardamos y vamos a cenar”, no solo estamos siendo amables: estamos enseñando autorregulación.

Aquí te dejamos 4 estrategias para fomentar la anticipación:

  1. Usa temporizadores visuales, como un reloj de arena, un cronómetro o un timer de cocina que le ayude a tener una imagen clara y concreta del paso del tiempo.
  2. Dale avisos previos, como: “En cuanto la manecilla del reloj llegue aquí” o “Cuando el cronómetro marque 5, es hora del baño”.
  3. Construye rutinas con sentido y, si puedes hacerlas visuales, aún mejor. Por ejemplo: “cenar, contar un cuento y a dormir”. Hasta que no sepa leer y escribir, hazlas con imágenes.
  4. Incluye a tu hijo en la planeación y toma de decisiones, dándole opciones desde qué ropa quiere usar hasta: “¿Prefieres brócoli o pepino?”

Una crianza respetuosa no es permisiva. Es una crianza donde los límites existen, pero se explican. Donde el adulto guía, pero también escucha. Donde el niño aprende que su voz importa.

¿Y si no te hace caso?

Respira y recuerda que es un niño que está aprendiendo a controlar sus impulsos, a gestionar sus emociones y a entender las consecuencias. Los límites son necesarios, al igual que la paciencia, la coherencia, la presencia y, lo más importante: tu amor.

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